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Pipirijaina Revista de teatro

Pipirijaina fue una revista de teatro independiente que se editó entre 1974 y 1983, pasando por dos fases en las que se publicó de forma muy desigual, pues entre una y otra etapa transcurrieron más de dos años. Pipirijaina dejó su impronta en el teatro de la incipiente democracia española que surgió a la muerte del dictador Franco.

Durante el período de la Transición política, Pipirijaina se convirtió en la práctica en la única revista teatral de relevancia a causa de la desaparición de Yórick y a la interrupción de Primer Acto entre 1974 y 1979. Yórick fue una de las revistas emblemáticas del entorno editorial de nuestro teatro contemporáneo que se publicó entre 1965 y 1973. Primer Acto es una revista dedicada en exclusiva al teatro fundada en 1957 por José Monleón, escritor, director de teatro, editor y crítico español, a quien nuestro padre Diego Salvador Blanes conoció muy bien, dentro del ambiente teatral de la época. En 2012, la revista inició una nueva fase, siempre bajo la dirección de Monelón hasta su fallecimiento en 2016.

Pipirijaina debió su impulso fundamentalmente a Moisés Pérez Coterillo, quien imprimió su talante y personalidad a esta publicación, pero también pusieron su granito de arena los jóvenes integrantes del denominado Teatro Independiente quienes sacaron a la luz la revista con mucho esfuerzo a través del Estudio de Teatro. La revista captaba la actualidad teatral del momento, y sus artículos coyunturales no estaban exentos de agresividad y causticidad propios de la época, interviniendo con energía en el panorama teatral español.

El Consejo de Redacción de la publicación se interesó especialmente en los dramaturgos neovanguardistas y en autores marginados durante la Dictadura, que por fin lograron sacar un poco la cabeza del pozo en el que se encontraban, aunque fuese en un ambiente minoritario. Pues Pipirijaina nunca dejó de ser una publicación casi marginal que nunca fue el objeto del deseo de los sectores teatrales conservadores, predominantes en la escena española. Pipirijaina también se hizo eco de los espectáculos dramáticos que marcaron la época y que llamaron la atención de los críticos más progresistas.

Durante la primera época de la revista se publicaron siete números de forma mensual, entre marzo y septiembre de 1974. Tras su interrupción reapareció en octubre de 1976, pero como si fuera una nueva publicación, pues se numeró desde el principio y en ningún sitio se reflejó que se trataba de una segunda fase o etapa. En este segunda y última etapa, que finalizó en 1983, se publicaron 25 números, pero con una periodicidad muy irregular, pues no en todos los meses se publicó Pipirijaina.

Cuando se lograba la regularización temporal era gracias a la ayuda del Ministerio correspondiente, aunque fue durante un breve lapso de tiempo, entre septiembre de 1979 y febrero de 1981. Un caso más de que en España la cultura suele carecer de apoyos económicos y empresariales de relevancia. Y más si se trata, como en este caso, de una revista tan minoritaria y dedicada a un sector tan especializado como el teatro independiente. De hecho, desapareció sin previo aviso.

Totalmente enraizada en los acontecimientos de la Transición política, Pipirijaina sufrió sus mismos avatares, propios de un período histórico convulso que estaba generando una nueva sociedad en España. Noticias como huelga de actores, el sindicato unitario de actores, CNT ante la situación actual, CCOO y la unidad sindical, aparecieron en las páginas de Pipirijaina. De donde fueron desapareciendo a medida que el panorama cultural y político se iba tranquilizando. O amodorrando…

Cuando aparentemente la Transición democrática se dio por concluida (¡qué equivocados estábamos!) con la llegada del PSOE al poder, que coincidió con la crisis del teatro independiente, Pipirijaina acabó desapareciendo como revista abanderada del neovanguardismo, también en franco declive, para integrarse de alguna manera en El Público, pero ya sin aquella carga agresiva y cáustica que la caracterizó desde sus primeros tiempos. Todo acaba por domesticarse. Tristemente, pues las oligarquias de todo pelaje no cejan en su empeño de ser la mano que mece la cuna.

Para más información, ver Pipirijaina 1974-1983. Historia, antología e índices

por Diego Salvador Conejo

 

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