Beatles en España con la policía salvadorebooks

Los Beatles en España

Los Beatles en España. Uno de los acontecimientos culturales más importantes de los años 60 en nuestro país. Por desgracia carezco de recuerdos fidedignos de tamaña efeméride. No es de extrañar. Era un bebé que no contaba con un año siquiera. El grupo de mis amores y no tuve ocasión, por razones de fuerza mayor, de disfrutar de su presencia. Mis primeros recuerdos de los Beatles son de la versión cañí del Yellow submarine, protagonizada por los Mustangs. “Amarillo el submarino es, amarillo es, amarillo es” cantaba a grito pelao con la lengua de trapo de niño de ¿2? ¿3? ¿4 años?

Una vez, siendo aún un tierno infante, pregunté a mi madre si los Beatles habían ido alguna vez a Eurovisión. En tan alta estima tenía yo por entonces al festival de televisión. Mi madre me contestó, condescendiente, que no, que a los Beatles no les hacía falta. Eran demasiado grandes. Posteriormente me dio por pensar que también algunos grandes se habían dado a conocer en el cursilón certamen eurovisivo. El máximo exponente de estos fueron los suecos ABBA, divinizados en todos los países escandinavos. O la maravillosa Massielona… Pero es que en los felices años 60, Eurovisión era otra cosa…

Muchos años más tarde asistí al concierto que ofreció Paul McCartney en la antigua Peineta, el actual estadio Wanda Metropolitano. Era mayo de 2004. Cuando salió Paul al escenario, viejo y sesentón, y atacó los primeros acordes del Hello Goodbye en un psicodélico piano de estridentes colores (si ello es posible), se me pusieron los pelos como escarpias. Y no era para menos. ¡Un ex-beatle! Allí estaba delante de mis narices (bueno, no exactamente, algo más lejos), para deleitarnos a los tropecientos mil y un fans que nos dimos cita aquel día.

¿Qué hacía los Fab Four en España?

Pero no era lo mismo. No tuvo el carácter histórico del día que los Beatles recalaron en España. Fue allá por 1965, todavía inmersos en un período gris de nuestra historia. Un país sumergido en la dictadura surgida de una brutal guerra civil finalizada 26 años antes. Pero aquí estuvieron. Por mucho que al régimen franquista no le hiciese ninguna gracia. Cuatro “melenudos” veinteañeros demasiado modernos y rompedores para una España un tanto triste y desangelada, y dispuestos a comerse el mundo, como lo llevaban haciendo desde octubre de 1962, cuando grabaron Love me do.

¿Y qué hacía esta gente maravillosa, qué hacían los Fab Four, en la vetusta piel de toro? ¿Qué pensaban estos veinteañeros de la dictadura española? ¿Les importaba algo? ¿Habían elegido por ellos mismos recalar en un país tan pintoresco como España? Pues lo mismo no. Su manager incluyó nuestro país en la gira europea y miraron con curiosidad un país tan peculiar, tan… different, como rezaba la publicidad de la época. Lo que sí era cierto es que estaban revolucionando la sociedad con su música y desparpajo. Porque el mundo no fue el mismo después de ellos. Como no lo fue después de Elvis.

El promotor Francisco Bermúdez y el contrato con Brian Epstein

¿Cómo comenzo todo? Brian Epstein, manager de los Beatles, era gran aficionado a los toros. En una de sus estancias en Sevilla se comenzó a maquinar la mini-gira de los Beatles en España. José Luis Álvarez, director de la revista Fonorama, sondeó a Epstein. En principio éste no quería traer al grupo a España, pues no pensaba que pudiesen tener éxito: sólo habían vendido 3800 copias de sus discos. Y Epstein pensaba en libras esterlinas. Era su trabajo.

El avispado periodista le espetó a su vez que en España sólo había 1500 tocadiscos. Es decir, que había más de 2000 personas que habían adquirido discos de los Beatles sin aparatejo donde reproducirlos. Epstein comenzó a maquinar que sería una buena acción (y de paso le reportaría sus buenos dineritos) . De vuelta a Londres, se puso en contacto con el empresario Francisco Bermúdez, muy interesado en la operación, con quien finalmente cerró el trato.

En el contrato firmado entre Bermúdez y Epstein se acordó que el organizador pagaría 5000 libras esterlinas (900.000 pesetas) por dos conciertos, a celebrar en Madrid y Barcelona. Y que el propio organizador se haría cargo de los gastos de promoción y transporte. El precio era elevado: tres millones de pesetas. Pero es que los Beatles eran ya unas superestrellas por aquel entonces. Merecía la pena el intento. Bermúdez tuvo que pedir dinero al mismísimo Raphael para asumir los gastos. En los carteles de promoción la actuación se anunció así: “Francisco Bermúdez, espectáculos internacionales, presenta: la atracción más famosa del mundo”.

Los Beatles en España fueorn la atracción más famosa del mundo. Y seguramente lo eran.

El problema de los permisos

Bermúdez no las tenía consigo. Quien tenía que dar permiso para la actuación de los Beatles en España era el Ministerio de la Gobernación, a cuya cabeza estaba uno de los miembros más duros de la dictadura. El militar Camilo Alonso Vega, veterano de la guerra civil. Y para colmo, ejercía las tareas de regidor de Madrid, Carlos Arias Navarro, que tampoco era una hermanita de la caridad precisamente. No en vano se le conocía como el Carnicero de Málaga, por su actuación represiva como fiscal en la ciudad andaluza.

El caso es que nadie sabe realmente cómo, pero finalmente los Beatles por fin aterrizarían en España para deleite de sus fans hispanos. Quizás fue debido a que la reina Isabel II de Inglaterra les acababa de condecorar como Caballeros de la Orden del Imperio Británico. El régimen de Franco tuvo miedo de provocar un conflicto diplomático con la pérfida Albión si se impedía la entrada a tan aristocrático cuarteto. Gibraltar de por medio…

La llegada

Para cuando los Beatles arribaron a España, algunos iluminados de la radio y pioneros de revistas especializadas ya habían traido noticias sobre los nuevos ritmos musicales que triunfaban en Gran Bretaña y EEUU. Joaquín Luqui, Tomás Martín Blanco o Rafael Revert hacía tiempo que viajaban a Londres para adquirir discos de los Beatles, que pinchaban alborozados en sus programas de radio. Así pues los Beatles ya eran bastante conocidos por estos pagos y reconocibles sus canciones gracias a estos pioneros radiofónicos. Aunque todavía era difícil encontrar sus discos en las tiendas de música.

Los Beatles desembarcan en Barcelona salvadorebooks

Los Beatles desembarcan en Barcelona

En el solar patrio triunfaban el Dúo Dinámico, Los Brincos, Pekenikes, Los Sírex, Micky y Los Tonys, Los Relámpagos, Los Mustang o Miguel Ríos al albur de los nuevos sonidos.

El 1 de julio de 1965, a las 17.40 horas, desembarcaron los Beatles en España. Y lo hicieron en un avión de Air France, que aterrizó en el aeropuerto madrileño de Barajas. Al Gobierno de Franco le temblaron las piernas porque en su paranoia por mantener el orden público a toda costa, consideró que esos “melenudos de Liverpool” traerían consigo una relajación de costumbres entre los bizarros españolitos. Y además temían los posibles tumultos probablemente aprovechados por la débil oposición.

Lo curioso es que a pesar del dispositivo de seguridad montado en torno a los músicos, hubo unos 200 jóvenes que lograron colarse para ver a sus ídolos de cerca. Rápidamente la policía condujo a los egregios visitantes a la salida, aunque Ringo se rezagó un instante ante la insistencia de uno de los policías por lograr un preciado autógrafo. Como sus compañeros se habían alejado ya, el pobre batería empujó a un agente, que de inmediato, y ante tamaña osadía enarboló la porra para sacudir al sorprendido beatle. El gris estaba acostumbrado a repartir mamporros, pero algún avispado compañero le dijo que se cortase un pelo, que a ése no le sacudiese, que ése era uno de los afamados Beatles, que no la liase. Y ahí quedó la cosa.

Rueda de prensa y agasajo a los ilustres visitantes

La misma noche de la llegada, visitaron un tablao flamenco de la mano del periodista Alfredo Amestoy, pero se retiraron pronto a dormir, ante el disgusto de El Cordobés que se había despalazado ad hoc para hacerse la foto de rigor con los célebres visitantes. Al día siguiente, el Sherry Institute of Spain y Bodegas Domecq hicieron llegar barriles de vino de Jerez para una cata al Hotel Fénix, donde estaban alojados los Cuatro de Liverpool. Los miembros del grupo firmaron con tiza en ellos ante la presencia de las hermanas Hurtado, vestidas de sevillanas para la ocasión, quienes de baile folklórico, ni flores. John Lennon incluso se atrevió con desparpajo, y cierta torpeza no exenta de gracia, a escanciar los caldos locales.

En la postrer rueda de prensa, la mayoría de las preguntas estuvieron relacionadas con su pelo, ante el evidente hastío de los Beatles, que trataron de no perder su buen humor. ¡A saber lo que pensaron de los espabilados reporteros patrios…! “¿Tienen asegurado el cabello?”, preguntó algún avezado periodista hispano. Alguno de los músicos respondió simplemente: “No”. Y a otra cosa, mariposa. Yo creo que John, Paul, George y Ringo debieron pensar ¡pero dónde hemos caído! España era por entonces para los británicos poco más que sol, playa, sangría y toros. Y los Beatles eran un claro exponente de la clase obrera británica. Unos héroes de la working class, como cantó Lennon años después. Por más que por entonces ya fuesen multimillonarios.

Los Beatles con las Hermanas Hurtado salvadorebooks

Los Beatles con las Hermanas Hurtado

El concierto de Madrid

El dos de julio de 1965, a las 20:30, los Beatles saltaron al ruedo de la Monumental de las Ventas de Madrid, presentados por Torrebruno y teloneados entre otros por los Pekenikes. Torrebruno, italiano afincado en España era ya por entonces el gran showman de una todavía incipiente televisión. Pero también actuaron esa noche memorable el grupo caribeño Trinidad Steel Band. Así de pronto quizás no nos suenan de nada. Pero con ellos venía un joven veinteañero llamado Phil Trim, que se quedó a vivir en España, atraido por sus mujeres y la tortilla de patatas, según confesó el propio interesado. Años después vemos al bueno de Phil en The Pop Tops cantando como nadie el maravilloso tema Mammy blue, todo un exitazo internacional.

Los Beatles tocaron 12 canciones en apenas media hora: Twist and shout, Long tall Sally, She’s a woman, I’m a looser, Can’t buy me love, Baby’s in black, Wanna be your man, A hard day’s night, Everybody’s trying to be my baby, Rock & roll music, I feel fine y Ticket to ride. Sin anestesia y sin bises.

John Lennon, que por entonces llavaba la voz cantante en la banda, lució sombrero cordobés durante todo el concierto. Toni Luz, miembro de los Pekenikes asegura que el sonido en directo fue bastante malo. Para este músico la experiencia de conocer a los Beatles tan cerca fue “divertida e impresionante”. Reconoce el magnetismo que emanaba de los Beatles. No en vano es el grupo de música pop más influyente del siglo XX.

El precio de las entradas fue bastante elevado para el exiguo bolsillo de la mayoría de los españoles de la época: entre 75 y 400 pesetas, lo que dejó en media entrada el aforo de las Ventas. Otra causa de tan reducida asistencia probablemente fue que muchos padres prohibieron la asistencia a sus retoños ante el previsible jaleo. Y es que por cada asistente enfervorizado había dos grises (muchos de paisano mezclados entre el gentío), para quienes reuniones de más de cuatro personas eran multitud. Cosas de las dictaduras. Pero para los que estuvieron allí, aquella fue una noche inolvidable. Y años después dirían con orgullo: ¡yo estuve allí! ¡Qué noche la de aquel día! ¡Qué envidia!

El concierto de Barcelona

En Barcelona actuaron al día siguiente. Se bajaron del avión con toreras monteras sobre la cabeza. Se alojaron en el Hotel Avenida Palace. Ofrecieron a un público entregado el mismo repertorio de la velada madrileña del día anterior. Con la diferencia de que en Barcelona el público abarrotó la plaza de toros Monumental barcelonesa. 18000 personas (25000 según otras fuentes) se dejaron la voz esa noche vociferando, chillando y aclamando a los Four Fabs. Los Sírex fueron los afortunados que telonearon al grupo de sus amores… De los suyos y de medio mundo, por no decir el mundo entero.

Los Beatles en el NO-DO

La información que dio el NO-DO (acrónimo de Noticiarios y Documentales) sobre la visita de los Beatles a Madrid fue bastante, digamos tristona. El macilento noticiero del régimen se ufanó en el poco éxito de los Beatles en nuestro país, y en que el paso por la imperial España del grupo que estaba removiendo los cimientos de la sociedad mundial, fue “sin demasiada pena ni demasiada gloria”. Se refirieron a ellos como los cuatro muchachos de Liverpool con ese tonillo entre despectivo y paternal, tan característico del Noticiero.

He aquí un extracto de la breve noticia del NO-DO:

“Junto al bullidor elemento joven hay también familias tranquilas y señores con barba, representantes del servicio doméstico, y muchachas nerviosas, las llamadas fans. Y en el estribo de la barrera, la familia completa con el nene (…) Por fin salen los melenudos al tablado (…)”

El documental de Francesc Betriu y Pedro Costa

Manuel Fraga Iribarne, a la sazón ministro de Información y Turismo, prohibió la emisión de un documental sobre las actuaciones en España. El director Francesc Betriu, por entonces estudiante de la Escuela Oficial de Cine, y Pedro Costa, también futuro cineasta, siguieron a los Beatles desde su desembarco en Barajas hasta el final de la actuación en la Monumental de Barcelona. Ellos fueron quienes grabaron las imágenes de la histórica visita de los Beatles. Fue el documental que prohibió Fraga, a pesar de que el proyecto había sido apoyado por el subdirector del NO-DO, José López Clemente. Pero ya se sabe que donde manda patrón no manda marinero. Y Fraga mandaba mucho.

Todo quedó en unos breves minutos en el patriótico y grandilocuente noticiero cutre-nacional, el que nos plantaban en los cines antes de la peli de turno. Locutores tan populares en aquella España de charanga y pandereta como Matías Prats (padre), Joaquín Ramos y David Cubedo proporcionaron una visión peculiar de España. ¡Ay el NO-DO! “Noticiario y Documentales, el mundo entero al alcance de todos los españoles”. ¡Ufff!

La modernidad de los Beatles

Pero estos chavales de Liverpool fueron un colosal aldabonazo (y sí, juvenil) a las mentes biempensantes. Se llevaron por delante cual devastador tsunami viejas estructuras sociales. Nada fue igual después de la puesta en escena de los Beatles. En España representaron un hálito de libertad en una juventud aletargada pero con ganas de experiencias nuevas y de apertura al exterior. Demasiados años de lacónica cerrazón. Traer (y ver) a los Beatles significó un grito de protesta. Por eso les temblaron las canillas a los miembros del búnker franquista.

En España algún iluminado los llamó Escarabajos. Porque Beatles se parecía demasiado a la voz inglesa beetle, que sí que se traduce como escarabajo en castellano.

Y ya que estoy, voy a contar al lector la razón de la denominación de Beatles. El antiguo bajista del grupo, Stuart Sutcliffe (fallecido en 1962 a los 21 años en Hamburgo a consecuencia de una paliza sufrida el año anterior) quería que el nombre tuviese una doble acepción. Así que tomando como base la citada palabra beetle, les dio por cambiar una “e” por “a”. El apelativo vendría a significar algo así como “golpear (beat) menos (less pero sin la útima “s”)“, en alusión a la supuesta poca pericia del batería de entonces, Pete Best, sustituido por Ringo Starr.

Tras el paréntesis, y para acabar, volvamos al tema que nos atañe, los Beatles en España. Los cuatro “melenudos”, como los denominaron en el NO-DO, eran demasiado modernos y rompedores para una España enfrascada en un necesario proceso de mutación.

Alguno intentó hacer su agosto a costa de la estancia de los Beatles en España. El Corte Inglés, sin ir más lejos, aprovechó para organizar una Semana Beatles en sus grandes almacenes para promocionar productos de consumo relacionados con la juventud.

 

Por Diego Salvador Conejo

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