Voladura diario Madrid. Salvadorebooks

La voladura del diario Madrid

¡Qué frágil memoria la mía!

Aunque la voladura del diario Madrid fue un hecho sonado aquel año de 1973, yo no lo recuerdo. Claro, ¡tenía 8 ó 9 años! Sin embargo sí que guardo memoria del asesinato del Almirante Carrero Blanco, ocurrido meses después. ¡Como para olvidarlo! ¡Un par de días de vacaciones en el cole, en señal de luto nacional!

De alguna forma, la detonación controlada de la sede del defenestrado diario preludiaba el ascenso a los cielos del vehículo en el que viajaba el Presidente del Gobierno y delfín de Franco. Fallecieron también sus dos acompañantes, el inspector de polícia Juan Antonio Bueno Fernández y el conductor José Luis Pérez Mogena. Lo del ascenso a los cielos no es alegoría ni metáfora. El Dodge 3700 GT ocupado por las víctimas voló por los aires y cayó en la azotea del edificio anexo a la iglesia donde el Almirante había asistido a misa instantes antes. Tal fue la violencia de la explosión.

No piense el lector que este modelo de coche era precisamente ligero. ¡Pesaba casi 1800 kg! Los etarras se aseguraron de cumplir con su cometido criminal y pusieron cargas explosivas en cantidades industriales aquel infausto día en la calle de Claudio Coello. El sucesor de Franco había sido borrado del mapa.

Pero volvamos al caso que nos ocupa, que es la voladura del diario Madrid, como reza el título de este extenso post. No recuerdo haberlo visto en casa. Pero sí en cambio el Informaciones, competidor directo como periódico vespertino. O el Ya y la Hoja del Lunes. Había poco donde elegir. Y nunca jamás diarios deportivos mancillaron nuestro hogar. A mi padre no le interesaban. Mis amigos y yo, cuando fuimos adultos, conocíamos jocosamente el As y el Marca como la “prensa nacional”. De hecho Marca perteneció en su día a la prensa del Movimiento, de inspiración falangista. El conjunto de la prensa, no el propio diario deportivo en sí.

En el principio…

Veamos un poco la historia del diario Madrid. Se publicó entre 1939 y 1971. Aunque la ideología predominante en sus inicios fue la de relamida afección al régimen (¡como para no hacerlo!), paulatinamente fue derivando hacia posiciones tímidamente más críticas. En los años 60 digamos que su línea editorial se acercaba mucho (demasiado) con lo que por entonces se denominaba pomposamente “aperturismo”.

Su primer número salió a los quioscos el 8 de abril de 1939, muy poquito después del final de la desastrosa guerra fratricida. Fue fundado por el periodista Juan Pujol Martínez. Pujol había dirigido anteriormente el ya citado Informaciones, que era propiedad de Juan March, el llamado banquero del régimen. Al terminar la guerra, Pujol solicitó y obtuvo una de las pocas licencias de apertura de prensa concedidas por el gobierno que surgió triunfante del conflicto. Evidentemente como premio a su entusiasta apoyo al “alzamiento nacional”. Anteriormente había sido diputado de la coalición derechista CEDA.

El periódico tuvo buena acogida. La tirada se fue incrementando en poco tiempo. Al llegar a los 60000 ejemplares diarios, la sede de la publicación se trasladó en 1947 a la calle General Pardiñas, 92, esquina Maldonado.

En 1962 la sociedad Fomento de Actividades Culturales, Económicas y Sociales (FACES), afín al oficialismo franquista, compró la cabecera del diario Madrid. Cuatro años más tarde, Rafael Calvo Serer se hizo con el control de la empresa editorial. Calvo Serer era miembro del Opus Dei. De momento no parecía haber motivos para que el gobierno de Franco pusiera el ojo en la publicación. ¿O sí?

El punto de giro

Hubo un punto de giro en 1966 cuando Calvo Serer nombró director del diario a Antonio Fontán. En la redacción del diario coincidieron periodistas de la talla de Miguel Ángel Aguilar, José Oneto o Alberto Míguez. Fue en esta época cuando la línea editorial giró hacia posturas más críticas para con la dictadura. Pero siempre dentro de un respetuoso orden, pues las consecuencias podrían ser desastrosas. Como así ocurrió, en efecto.

Por estos años fue el periódico puntero de la llamada prensa independiente, junto con Nuevo Diario y El Alcázar. Aquella que no formaba parte de la prensa del Movimiento. El diario Madrid, en una posición valiente que preludiaba su violento final, comenzó tímidamente a reclamar cierta apertura democrática. Comenzaba a cavar su fosa. E iniciaba una senda que acabaría inexorablemente con la voladura del diario Madrid.

Retirarse a tiempo

El propio Calvo Serer publicó en 1968 el artículo Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle. La comparación con la situación de Franco era inevitable para los más (y los menos) avispados. El número responsable del desaguisado fue secuestrado y la publicación suspendida. En principio durante dos meses, pero se extendió hasta los cuatro. Entre otras cosas esto es lo que escribió el autor del artículo: “semejanza de situaciones sociales y políticas con el vecino país”. Y hablaba de retirada. ¡Imperdonable! ¡Inadmisible!

El artículito de marras se descolgaba con un párrafo final de órdago a la grande: “Y, por último, en el momento de producirse la vacante previsible, ¿quién ha de ser el jefe del Estado que reúna las mejores condiciones para la acción de aquel Gobierno y para contar con la máxima adhesión popular?”. ¡Toma ya! ¡Directo a la línea de flotación! Pero a la de aquende, no a la de allende los Pirineos…

Hasta el Gobierno se dio por enterado. Como para no hacerlo. Además del secuestro y suspensión se impuso una multa de 250.000 pesetas. Por malotes. El director en funciones y el autor fueron también procesados por el tristemente célebre Tribunal de Orden Público (TOP). Represión contra la libertad de prensa. A pesar de la tan cacareadamente aperturista ley de Fraga Iribarne (1966). La sanción fue la más dura impuesta a un diario desde el final de la Guerra Civil. Un ejemplo de cómo se las gastaba la dictadura contra quienes discrepaban. Aunque fuese de forma leve.

La progresista revista Triunfo también supo de la represión franquista en sus propias carnes.

El cierre del diario

Los desencuentros con las altas jerarquías franquistas se hicieron entonces más y más frecuentes. A pesar de que el país estaba cambiando, y determinada prensa como el diario Madrid se hacía eco de esta sutil metamorfosis, con sordina las más de las veces, el búnker franquista se negaba a admitirlo. El sector más duro del Gobierno, alentado por la prensa oficial, logró por fin su objetivo de clausurar el rotativo. El definitivo cierre tuvo lugar el 25 de noviembre de 1971. El camino hacia la voladura del diario Madrid quedaba expedito.

El último número de Madrid contenía una nota de la dirección general de prensa en la que explicaba el cierre.  “Irregularidades” de la propietaria FACES en cuanto a “financiación y titularidad de acciones“. Esa fue la excusa perfecta que dio el régimen para cargarse un periódico que se había convertido en una suerte de forúnculo en salva sea la parte. El ministro de Información y Turismo Alfredo Sánchez Bella fue el encargado de firmar la orden de cierre.

El Gobierno de Franco y los sindicatos verticales quisieron hacer pasar por el aro a los trabajadores del diario Madrid, tanto antes como después de la orden de cierre. Para ello dijeron garantizar la publicación del rotativo y la continuidad de los puestos de trabajo, pero con condiciones que no fueron aceptados por el conjunto de redactores y demás trabajadores. Sánchez Bella quiso imponer un director completamente afecto. La negativa a esta propuesta era el cierre del periódico. Todos los sabían y aún así no aceptaron. Los trabajadores apoyaron al director vigente, Antonio Fontán.

Cuando se clausuró el periódico, se habló de reapertura. Pero también con condiciones inaceptables para los trabajadores del Madrid. Se trataba de que los miembros de la plantilla y los colaboradores abjurasen de la empresa y de su presidente. Aquello parecía una especie de proceso inquisitorial. Todos engrosaron las listas del paro. Además se les incluyó en listas negras que zancadillearon su posible retorno al sector periodístico. Sólo se ofrecieron nuevos empleos a una minoría que se plegó a los deseos gubernamentales. Pero a ver, había que comer, imagino que pensaron algunos de los disidentes.

Según Miguel Ángel Aguilar, en un artículo aparecido en el diario El País el 3 de enero de 1985, “tan sólo un miembro de la Redacción del diario Madrid entre los leales a la empresa fue aceptado en un periódico diario de los que se editaban en la ciudad”. Miguel Ángel Aguilar fue fue redactor jefe del diario Madrid.

Detonación controlada en General Pardiñas, 92

No obstante, hubo intentos muy serios para lograr la reapertura del diario. Incluso desde sectores oficiales del régimen franquista, como los sindicatos verticales. Tras fracasar todas las negociaciones, el 4 de febrero de 1972 se procedió a la disolución de empresa editora. Se vendió el edificio de General Pardiñas para intentar hacer frente a las deudas. La emblemática sede del diario fue comprada por la inmobiliaria SAGAR. Su objetivo era construir viviendas en el solar ocupado por el edificio neobarroco. El apoderado del diario Antonio García-Trevijano fue la persona encargada de negociar la venta del inmueble.

Todo quedó visto para sentencia. La voladura del diario Madrid. Un acto más retorcidamente simbólico que éste parece imposible. Un auténtico atentado contra la libertad de expresión. Fue el 24 de abril de 1973. El hecho cayó como un bombazo (nunca mejor dicho) entre la hastiada opinión pública española. La medida correctiva y coercitiva retrasó por un tiempo lo que ya se barruntaba. Pues el germen del ansia de libertades de todo tipo estaba creciendo imparable en el cuerpo de la sociedad española, amordazada durante demasiados años.

La deriva aperturista del rotativo había sido su perdición. Y que simbólicamente acabó con la voladura del edificio sede del periódico. Un edificio que no tenía más de 25 años. Vamos, que no se derribó por ruinoso, no. Fue un auténtico aviso a navegantes por parte de la dictadura de Franco, ya en declive. Pero capaz todavía de furiosos coletazos.

El fin del diario Madrid fue un golpe al Opus Dei más mediático. Una china en el zapato de alguno de los que en ese momento tenía la sartén por el mango entre las familias políticas del régimen. Aunque no todos lo vieron así. Antonio Gibello, director de El Alcázar en 1973 declaró a la hemerotecadelbuitre.com que “SAGAR pagó una millonada a Calvo Serer y a García-Trevijano por la voladura y el inmueble. Aquella voladura fue el gran negocio del Opus Dei”.

El destino de Rafael Calvo Serer

Calvo Serer, afín a don Juan de Borbón, presentaría junto a Santiago Carrillo (sí, sí, el histórico líder del PCE) en julio de 1974 en París la Junta Democrática de España, variopinta coalición de fuerzas políticas, sindicales y sociales de oposición al régimen de Franco. Posiblemente Calvo Serer utilizó el cierre y voladura del diario Madrid para postularse como uno de los principales portavoces de la oposición democrática. Pero todo quedó en agua de borrajas para quien había destapado la caja de los truenos con su artículo sobre De Gaulle/Franco.

Por Diego Salvador Conejo

2 comentarios
  1. Carlos Martín-Delgado
    Carlos Martín-Delgado Dice:

    Buen artículo para recordar la sinrazón imperante aquellos años, se amordazaban ideas de apertura para tapar la podredumbre de un régimen que quizás ya intuía su final pero que todavía daría unos cuantos zarpazos trágicos a la gente que luchaba por las libertades. Algunos personajes que mencionas, tanto del mundo del periodismo como de la política, iban moviendo ficha para el papel que tendrían que jugar en la inminente transición. Etapa apasionante de nuestra historia contemporánea que algunos vivimos desde los juegos de la infancia, sin entender lo que estaba sucediendo. Imprescindible seguir leyendo y aprendiendo sobre aquellos acontecimientos para entender muchos problemas que seguimos arrastrando en la actualidad.

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