Star numero 30. salvadorebooks

La revista underground Star

“Tebeos” para malotes “ocultos” en mi casa

Debía tener unos 14 años, o quizás menos, cuando cayó en mis manos el primer ejemplar de la revista underground Star. Pero no a través de los amiguetes del cole o del insti. No. El destroyer era mi padre, quien procuraba hacerse con esas páginas soeces e irreverentes y traerlas a casa. Como El Víbora y publicaciones de ese pelaje. A mi progenitor le gustaba investigar como buen literato. Lo que encontraba en su vagabundaje lo dejaba al alcance de nuestras juveniles manos, aunque nos pareciese que trataba de esconderlas.

Nada de eso. Yo sabía perfectamente dónde se encontraban “ocultas”(o eso me pensaba yo) aquellas joyas para malotes. Y los Playboys, y los Penthouses…, que de todo había en esta viña del señor. Del señor Diego, claro. Quien suscribe aprovechaba las lúdicas ausencias de mis padres para colarme clandestinamente en su habitación y engullir con ansia viva estos extraños cómics que muy poco tenían que ver con los que leía habitualmente: Mortadelo, Capitán Trueno, El Jabato, Príncipe Valiente, Astérix, Tintín… Y con esa maravillosa sensación de adentrarme en lo prohibido.

Evidentemente las autoridades competentes no iban a secuestrar ningún ejemplar de los tebeos que acabo de citar. Con algún que otro matiz, estaban en la línea cultural que el Gobierno permitía consumir a sus administrados. Pero El Víbora o Star eran harina de otro costal. Lo que buscaban era la reacción, a veces furibunda, del lector, más que entretener.  Algunas de sus historietas eran descarnadas, otras eróticas cuando no abiertamente pornográficas, muchas violentas y en general destilaban una mala leche que ya, ya… Reconozcámoslo: sus viñetas no eran de buen gusto, ni mucho menos. Pero no dejaban a nadie indiferente. O se las amaba o se las odiaba. No había término medio. Yo las amaba. Mi abuela me pilló alguna vez hojeando alguna de estas ponzoñosas páginas y me reprendió severamente. “No leas esas cosas tan feas”, me dijo. Para ella eran incomprensibles, inclasificables. Eran de otro mundo, un mundo que ella no entendía.

Ciertamente atentaban muchas veces contra la moral imperante en la sociedad. ¡Pero qué quieren! Estaban catalogadas como cómic adulto… Y eran políticamente incorrectas desde alfa a omega, desde portada a contraportada.

El concepto de lo underground

La revista underground Star fue editada en Barcelona por Producciones Editoriales entre 1974 y 1980. Lo de underground (literalmente subterráneo en lengua inglesa) es un concepto cultural procedente de EEUU y que surgió en la década de 1960. Los cómics, las historietas underground no seguían los cánones del género, amables y bien pensantes en general. Sus principales gurús, dibujantes y guionistas, descarados y sin pelos en la lengua, afilaron sus lápices y arrojaron su colmillo retorcido contra el sistema. Aunque sólo fuese un poquito. Ejercieron una crítica feroz y trataron de minar los cimientos de una sociedad demasiadas veces hipócrita y dotada inexcusablemente de un doble rasero.

Yo reconozco que algunas historietas underground han herido mi sensibilidad. Sobre todo algunas que vi en casa de mi primo Fernando, el tío más underground que conozco. Aun bragado en estas lides, ha habido autores del género que han sabido herir mi fibra sensible. Y no hablo de los grandes del cómic contracultural como Robert Crumb, Richard Corben o Gilbert Shelton, cuyas tiras parecían cuentecillos para viejas comparadas con lo que salía de las carcomidas mentes calenturientas de sus herederos.

La irrupción de Star

Pero hora es ya de hablar de la revista Star como genuina representante del underground español, que también existió. Como todas las publicaciones digamos, marginales, siempre estuvieron en el punto de mira de las autoridades competentes, por si se propasaban lo suficiente como para meterlas mano.

En 1974 Star comenzó siendo una revista quincenal, pero acabó publicándose de forma mensual. Cerró definitivamente en 1980. Alguno de sus números fue secuestrado. Como el nº 13, donde aparecía el gato Fritz de Crumb perseguido por la policía. Con la publicación del número 15, el Gobierno cerró el chiringuito durante un año. Reapareció con el nº 16 que volvió a ser retenido en julio de 1976 por potencial escándalo público.

Bien es cierto que Star apareció en los quioscos antes de la muerte de Franco. Pero estaba editada por una honesta empresa familiar barcelonesa a la que me referí más arriba: Producciones Editoriales. Una editorial que publicaba libros carentes de ambición opositora al régimen. Puro entretenimiento para el ciudadano común. El más joven de la famila era Juan José Fernández, que a la sazón contaba con 20 años y a quien fascinaban Robert Crumb y Gilbert Shelton. La ilusión de este chaval, muy viajado para la época y para su temprana edad, es que estos autores contraculturales fuesen conocidos en España. Así que su padre autorizó y secundó un negocio un tanto marginal a su medida.

Juanjo Fernández refería en una entrevista aparecida el 8 de marzo de 2008 en el diario El País que la revista sufrió “tres secuestros y unas cinco multas, por cantidades enormes, pensadas para quebrarnos económicamente. Es cierto que nunca llegamos a pagarlas, siempre recurríamos”. El patriarca de la familia en ocasiones se inquietaba por la excesiva presión gubernamental, pero en general mantuvo su apoyo a la iniciativa del benjamín. Entre los directores de Star (en primera línea de fuego como periodistas que eran) que las pasaron canutas ante las embestidas de los poderes fácticos destaca la periodista Karmele Marchante, muy conocida hoy día por sus participaciones en las amarillentas tertulias de Telecinco, la tele amiga.

Los colaboradores

Tras un tiempo traduciendo las viñetas de los dibujantes norteamericanos (sin consentimiento expreso de los autores, of course), la revista Star se animó a dar un pasito más. En sus páginas se incluyeron los trabajos de dibujantes fotógrafos e ilustradores españoles, entre los que se encontraban Ceesepe, Nazario, El Hortelano, Montxo Algora, Ouka Lele, García-Alix, Peret, o Pérez Sánchez. Algunos de ellos fueron posteriormente figuras destacadas en ese batiburrillo que se dio en llamar la Movida madrileña.

En Star destacaron series como El gato Fritz  (Robert Crumb), Los Garriris (Mariscal), Makoki (Gallardo, Mediavilla), Maus (Art Spiegelman), Slober (Ceesepe), Sophie comics (Carlos Sampayo/José Muñoz), Gwendoline (John Willie), Wonder Wart-Hog (Gilbert Shelton).

Popgrama, La Edad de Oro, Musical Express, Vibraciones, Ruta 66 o La Bola de Cristal bebieron indudablemente de las fuentes de la revista underground Star, en cuyo ADN estaba impreso una inequívoca actitud transgresora.

Star y el Punk

La revista underground y contracultural Star también se fue decantando por otras iniciativas. Dieron a conocer en España movimientos musicales rompedores por entonces, como el punk-rock. Los neoyorkinos Ramones aparecieron en Star cuando todavía no había sido publicado ninguno de sus discos en este país de nuestros pecados. Pero también se hicieron eco del surgimiento de La Banda Trapera del Río, los primeros punkies hispanos. Nacida en la localidad barcelonesa de Cornellá de Llobregat, su cabeza más visible era Miguel Ángel Sánchez, más conocido conocido como Morfi Grey. Su álbum homónimo es toda una declaración de intenciones del punk-rock y del rock duro cañís. A destacar temas como Ciutat prodria, La Regla, Nacido del polvo de un borracho y del coño de una puta o Meditaciones del Pelos en su paja matinera. Impagables, de verdad. Merece la pena escuchar el disco entero de esta gente si te gustan las letras marginales.

Star Books y retapados

En Star también tuvieron cabida libros en su modalidad Star Books, que incluyó títulos de autores como Voltaire, Jack London, Thomas de Quincey o Henry D. Thoreau. El incansable Juan José Fernández también trajo a España a los históricos de la generación beat: Jack Kerouac, Irwin Allen Ginsberg, Gregory Nunzio Corso, William Burroughs y Neal Cassady. Y a sus herederos sesenteros como Timothy Leary, Bob DylanJim Morrison (poeta, célebre miembro del club de los 27, junto con Janis Joplin o Brian Jones, entre otros, en el que ingresó a consecuencia de su desmesurada afición por el bourbon, y líder de la banda californiana The Doors).

La colección entera de Star (excepto los números 13 y 17) se publicó de nuevo en dieciocho álbumes recopilatorios. Los denominaron “retapados” porque a cada uno, que contenía 3-4 números originales, se le había proporcionado una portada nueva. Una vez desaparecida la revista, estos retapados y los números ya descatalogados, hicieron las delicias de los universitarios más underground, que compraban, vendían e intercambian en los umbrales de las facultades, sobre todo de Humanidades, los viejos números de Star.

Contenidos y drogas

Muchas de las portadas de Star contenían imágenes más o menos explícitas de drogas o sexo y en su interior se guardaba además abundante material sadomasoquista (especialmente querido por el joven dueño de Star) o de violencia, todos ellos tabúes hasta entonces. La droga que aparecía más frecuentemente en sus páginas era la heroína, tan tristemente de moda en aquellos días, y relacionada con Lou Reed, el antiguo y ambiguo cantante de la Velvet Underground, banda de Nueva York patrocinada por Andy Warhol. Heroin, my life, my wife, cantaba Reed en sus mejores tiempos.

La heroína hizo estragos entre la juventud de este país, sobre todo en los barrios del extrarradio de las grandes ciudades, donde su consumo más o menos adulterado despachó a muchos infelices al otro barrio antes de tiempo. Incluso compañeros míos del colegio y del instituto no aguantaron el tirón de ese caballo llamado muerte, como lo denominó Miguel Ríos. Y fallecieron de sobredosis o de recaídas cuando trataban de desengancharse y recuperarse de tan terrible experiencia. A algunos se les veía por el barrio deambulando como zombies. Uno se preguntaba cómo era posible que se mantuviesen aún con vida. Fue una época terrible…

Star echa el cierre

La revista Star no se nutría de publicidad. Y aún así fue rentable, de tal manera que era capaz de pagar a sus colaboradores con regularidad, algo de lo que no podían presumir otras revistas. A pesar de los secuestros sufridos y la ojeriza de las autoridades, el negocio iba bastante bien. Pero en 1980 Fernández echó el cierre, entre otras razones porque su padre le retiró definitivamente el apoyo que le había prestado desde el principio de la andadura de la revista underground Star. En su época dorada tiraban hasta 30000 ejemplares por número.

Y es que en 1980 la iniciativa cultural pasó a Madrid. En palabras del propio Fernández, las publicaciones madrileñas ocuparon el espacio cultural que hasta entonces había sido propiedad de Star. Otro problema con el que se encontró Star es que sus colaboradores no lo eran en exclusiva, sino que también publicaban en otros medios. Muchos de ellos, como ya vimos antes, triunfaron en los años 80.

Por Diego Salvador Conejo

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