Revista Triunfo. Salvadorebooks

La revista Triunfo

De semanario cinematográfico a publicación de información general

La revista Triunfo debutó como publicación de información general en los quioscos de prensa el 9 de junio de 1962. Previamente había funcionado como semanario cinematográfico desde 1946. Durante los años 60 y 70 asumió el rol de abanderado de la cultura española más progresista.

Recuerdo que en mi casa siempre hubo algún número de Triunfo sobre la mesa del salón. Los que compraba mi padre. Llevar por la calle, leer Triunfo era de lo más “progre” en aquellos años. Y sin el sentido peyorativo que hoy día dan algunos. En sus páginas tuvieron cabida las grandes corrientes del pensamiento europeo e hispanoamericano de la época.

La revista fue fundada por el editor y periodista José Ángel Ezcurra Carrillo (1921-2010). Bajo su égida, Triunfo encarnó la escasa y tibia oposición intelectual que permitía el régimen de Franco. El también periodista y cineasta Vicente Coello Girón fue confundador de Triunfo. Como curiosidad decir que, entre otras muchas, fue guionista de todas las películas que protagonizó Paco Martínez Soria. Martínez Soria forjó el personaje del provinciano bonachón con historias plenas de rancia moralina. Pero reconozco que a mí en tiempos me hacían gracia.

Línea editorial

Cuando se habla de la realidad cultural española de los últimos años de la dictadura de Franco y los primeros de la restaurada democracia, siempre sale a colación alguna cita o comentario sobre la revista Triunfo. Fue el refugio de un nutrido grupo de intelectuales españoles disidentes de la ideología oficial. Desde sus páginas se cuestionó como buenamente se pudo al régimen. Para el escritor Juan José Millás, Triunfo supo conjugar una “rara mezcla de inteligencia y de valor moral”.

Para Eduardo Haro Tecglen, la censura no se enteraba de la misa ni la mitad de lo que se cocía en Triunfo.  Sus artículos estaban escritos en “un lenguaje medio cifrado (…) que los poderes no entendían”. La revista fue secuestrada en 1971 y posteriormente en 1975. Para entonces los intrépidos profesionales que hicieron posible Triunfo, ya se las habían ingeniado para colársela de todos los colores a los generalmente obtusos censores. Mucha gente de ideología vanguardista lo agradeció. Mi padre entre ellos. Y es que la revista significaba la existencia de una cultura de resistencia a la española.

En sus artículos se criticaban las libertades, sus errores y su ausencia fuera de España. El lector avispado inmediatamente dirigía dichas críticas a la situación española. De ahí ese “lenguaje medio cifrado” del que hablaba Haro Tecglen. La línea editorial de Triunfo siempre consideró al lector un ciudadano y no un súbdito. El súbdito de una dictadura impuesta por la fuerza de las armas tras un levantamiento militar fracasado. El del 18 de julio de 1936.

Los reportajes de la revista mantuvieron un extraordinario valor documental y didáctico a lo largo de toda su trayectoria. Una tenue luz en la oscuridad. Un contenido de calidad avalado por la propia redacción de Triunfo y por la colaboración de tantas firmas especializadas de prestigio mundial.

Manuel Vázquez Montalbán ya dijo en su día que “Triunfo forma parte de la educación ideológica y sentimental de un sector determinante de los profesionales españoles de origen progresista. Y que hoy ocupan lugares importantes en la vida cultural en general y en la docencia en particular”.

Los problemas financieros

Durante su andadura, el talante progresista de los redactores de Triunfo chocó con los que financiaban la publicación, cercanos al régimen. Algunos consejeros del grupo editor intimidaron hasta lo tolerable (o intolerable) a numerosos pediodistas de la revista.

Finalmente los editores sufrieron un descalabro económico de tal magnitud que tuvieron que poner todas sus empresas en manos del principal acreedor, el Banco Atlántico. El problema es que los altos cargos de la entidad financiera pertenecían al Opus Dei. Algo no iba bien. Un déjà vu. Las ideas del equipo de periodistas de la revista Triunfo y las de sus patronos n0 casaban de ninguna manera.

La valentía del director de Triunfo iba a garantizar la supervivencia de la publicación. Ezcurra tuvo la clarividencia de transmitir al propio presidente del Atlántico algo muy importante: que la desaparición de la revista sería interpretada como un ajuste de cuentas entre las diversas familias que integraban el régimen. El presidente comprendió entonces que la Obra no debía en implicarse en acciones de represalia. Por primera vez, la publicación se sintió libre y económicamente independiente. Desde entonces el futuro de la revista se inclinó más por la razón ideológica que por la económica, en palabras del propio Ezcurra.

Triunfo y la censura

La revista Triunfo dio visibilidad a eventos culturales e incluso ideológicos que ocurrían en España. Y cómo no, sufrió la vieja censura que emanaba de la ley de prensa de Serrano Súñer (1938). Publicada en plena guerra civil, su objetivo principal fue suprimir la prensa republicana. Un texto jurídico tan trasnochado que el fogoso ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne promulgó su propia Ley de Prensa e Imprenta en 1966.

Pero la Ley Fraga, envuelta en una formalidad jurídica moderada, era casi tan represiva como la anterior. A pesar de que se le quiso dotar de un supuesto carácter innovador. Aperturista, como se decía en el lenguaje de la época.

La revista Triunfo pronto se convirtió en el refugio de aquellos que creían que la situación política debía evolucionar. O morir en el intento. Mi padre entre ellos, consciente de lo que se jugaba en España en aquellos años.

Durante su época dorada, Triunfo abordó en números monográficos temas que nadie osaba sacar a la luz entre la sumisa prensa de la época. Pero el “búnker” de la dictadura continuaba intacto. Cuando Triunfo publicó un monográfico dedicado al matrimonio (24-04-1971), el régimen de Franco secuestró el número. Se le abrió un sumario en el siniestro Tribunal de Orden Público y se suspendió la publicación durante un período de cuatro meses. Además se le impuso una multa de 250.000 pesetas, sufragada por los miles de los fieles lectores de la revista.

No fue el único número secuestrado. En abril de 1975, el Consejo de Ministros suspendió la publicación del número 656 del mes de abril. Contenía un artículo de sugerente título: ¿Estamos preparados para el cambio? Una palabra que producía alergia en la agonizante dictadura, que consideró que atentaba contra la seguridad nacional. Durante este pausa forzada, a Franco le dio por morirse. Ley de vida. Pero a Triunfo se le negó la oportunidad de cubrir la noticia. “Irrecuperable frustración profesional para quienes hacíamos la revista”, en palabras de su incansable director.

Incluso con el dictador fallecido, la revista Triunfo no pudo beneficiarse de los indultos concedidos por el primer gobierno de la Monarquía. En esta ocasión se amnistió a otras publicaciones y periodistas sancionados por transgredir la famosa Ley de Prensa de Manuel Fraga.

Declive

Pero no se perdonó a Triunfo, que pagaba así su innegable valentía y buen hacer. ¡Ha ocurrido tantas veces! Quien tiene el valor de tirar la primera piedra, acaba apedreado a su vez. Como intituló mi padre una de sus novelas, “nunca fuimos bien pagados“. No. Triunfo nunca fue bien pagado.

No obstante, Dios aprieta pero no ahoga, como dice el dicho popular. Cumplido tan severo castigo, la revista reapareció a lo grande el 10 de enero de 1976 con una tirada de 166.000 ejemplares. Desaparecieron de los quioscos en horas. una gran mayoría quería, necesitaba cambio. Y Triunfo era uno de los exponentes de esta necesidad perentoria para la atribulada sociedad española.

Pero como suele ocurrir con los pioneros, Triunfo inició un lento declive. Despareció definitivamente en 1982, tres meses antes de la victoria del PSOE. ¡Qué ironía! Una injusticia de las muchas con las que nos obsequia la Historia.

Los colaboradores

La revista Triunfo tuvo en nómina a Eduardo Haro Tecglen, Luis Carandell o Manuel Vázquez Montalbán, entre otros grandes profesionales del periodismo.

En el histórico monográfico dedicado al matrimonio pusieron su granito de arena Manuela Carmena, Lidia Falcón, Carmen Martín Gaite, Manuel Vázquez Montalbán, Chumy Chúmez, Jesús Aguirre, José Monleón y Luis Carandell, entre otros.

También colaboraron con Triunfo figuras latinoamericanas de la talla de García Márquez, Fuentes, Carpentier, Dorfman, Galeano, Roa Bastos o Quino (sí, sí, el autor de Mafalda).

Triunfo versión digital

Bastantes años después de su cierre en 1982, en noviembre de 2006, y de nuevo bajo la dirección de José Ángel Ezcurra, vio la luz Triunfo digital. En formato de hemeroteca podemos acceder en la actualidad a los números en versión digital publicados desde 1962 hasta 1976. En la web se pueden efectuar búquedas por cronología, por números o autores. Podemos consultar todas las páginas de los números disponibles. Una gigantesca obra de recuperación de memoria histórica, que ha sido posible gracias a la colaboración de la Universidad de Salamanca.

En Triunfo Digital podemos leer los números secuestrados por la censura. Y relacionados con ellos, las galeradas con las prohibiciones y correcciones, así como los expedientes de sanción y secuestro. Todo un lujo de detalles. Historia en mayúsculas.

El catedrático de la Universidad de Salamanca José Antonio Pérez Bowie fue el asesor científico del ambicioso proyecto digital de la revista Triunfo. Pérez auguró con razón que antiguos lectores y nuevas generaciones “van a tener la oportunidad de tener al alcance del ratón la revista, como un documento que sigue estando vivo para cualquier lector joven que se acerque, para ayudarle a comprender el pasado y entender el presente”.

Por Diego Salvador Conejo

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