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La revista El Víbora

La revista El Víbora (1979-2004) fue quizás la máxima expresión del cómic más irreverente, contracultural, underground y libertario nacido en la escena española durante la Transición política. Entres sus páginas descarnadas asomaron temas tabúes entre los bien pensantes como la libertad sexual, las drogas, la energía nuclear y sus numerosos detractores o la vida de personajes, sobre todo urbanos, completamente marginales y/o marginados de nuestra sociedad.

Estaba yo en plena y efervescente adolescencia cuando leía con fruición cuanto tebeo o similar que caía en mis manos: 1984, Comix Internacional, los inevitables Mortadelo y Filemón, o Príncipe Valiente… y Star o la revista El Víbora. ¿Cómo aparecieron en nuestro hogar estos dos últimos elementos subversivos? Pues mi padre tuvo la culpa. Era un tanto catacaldos y curiosón, como buen literato. Le gustaba agenciarse todo aquello que le parecía novedoso, disruptivo e interesante, pero no solamente para él, sino para los miembros más jóvenes de la familia. Es decir, mi hermana y el que suscribe. Recuerdo que cuando no había nadie en casa, me introducía con desparpajo en la habitación de mis padres, y sentado en una mecedora que habían adquirido para momentos Nescafé de lectura, devoraba literalmente las páginas de la revista El Víbora, con la secreta esperanza de estar haciendo algo prohibido. Cosas de la edad. En mi alocada inconsciencia y púber ingenuidad, pensaba que mi progenitor escondía con más o menos fortuna aquellos ejemplares que todos los chavales de mi barrio querían leer y a los que no tenían alcance, pues sus padres no debían tener una mente tan liberal (e incluso underground) como los míos. Sufrí una decepción cuando muchos años después, me enteré de que mi padre “escondía” a propósito los números de la revista El Víbora para que los “descubriese” y los hojease. Aquellas portadas de Nazario, aquellas historietas del travesti Anarcoma, es el recuerdo más intenso de aquellos años juveniles respecto a este cómic tan irreverente y que destilaba tanta mala leche.

Cuando hacía fiestorros en casa, mis amigos me hacían sobre todo dos peticiones: echar un vistazo a los picantuelos Playboys (que también tenía, mire usted qué cosas) y… a la revista El Víbora. Hace muchos años que perdí la pista a El Víbora, pero alguien me dijo que con el paso de los años había ido derivando hacia contenidos casi “pornos” pero menos subversivos. Aunque no puedo dar fe de ello. Quizás esa deriva dependa de la opinión personal del propio lector.

El Víbora reunió en Barcelona una pléyade de autores como Nazario, Mariscal, Gallardo, Mediavilla, Max, Pons, Ceesepe, Martí, Roger o Tornassol, entre otros, quienes solían llevar una vida bastante disipada, como correspondía a unos creadores tan libertinos y expansivos. Muchos de ellos aparecieron en programas tan vanguardistas como La Edad de Oro, presentando sus trabajos o simplemente vacilando a Paloma Chamorro, la directora de este espacio televisivo, tan rompedor e innovador en su época. Hoy día ya no tienen cabida iniciativas así. Pero es que ni en la televisión pública ni en la privada. Es el signo de estos tiempos insípidos que corren, donde el like es dueño y señor.

Aunque en sus inicios nadie daba un duro por la revista El Víbora, se publicaron hasta casi 300 números. Se llegaron a vender 40.000 ejemplares mensuales en los quioscos, lo que eran muchos ejemplares. Fueron años de una gran explosión creativa, divertida y en ocasiones peligrosa. Esta gente de El Víbora tuvo fama (y lo eran en realidad) por entonces de ser unos ácratas y unos libertarios de bemoles de cuyas ácidas críticas nadie estaba a salvo.

La primera propuesta de nombre para la publicación fue Goma-3, pero desde Madrid les informaron que si querían inscribir la revista en el Registro, pensasen en otra denominación más aceptable. En aquellos dias el terrorismo golpeaba inmisericorde a la sociedad española y no era plan añadir gasolina al fuego, tomándose a chufla un tema ya de por sí extremadamente serio. 

El Víbora fue editada por Josep Toutain, que puso el dinero necesario para la publicación del primer número (unas 800.000 pelas de la época), con una portada impagable de Nazario. Josep Maria Berenguer fue su director, quien fundó de manera simultánea Ediciones La Cúpula. En la actualidad, continúa existiendo, radicando en Barcelona su sede social. La editorial continúa dedicándose al cómic underground y alternativo, fundamentalmente estadounidense, europeo y español. También distribuye en Latinoamérica.

Los editores ya apuntaron desde el principio una auténtica declaración de intenciones, pues El Víbora: “atenta contra el muermo y las pirañas, el apalanque de los supervivientes de esta aburrida, autoritaria y, lo que es peor, descangallada y estúpida sociedad”. Estaba claro, ¿no? Tan claro como que a partir del número 5, se subtituló como “cómix para supervivientes”. Y si aquella época era “una descangallada y estúpida sociedad”, ¿qué pensarían de la actual?

El Víbora bebió de fuentes contraculturales tan autorizadas en el festivo ambiente del cómic norteamericano de finales de los años 60 como Robert Crumb y Art Spiegelman. No obstante no todas las influencias iban a ser foráneas. Según Antoni Guiral, comisario de la exposición que tuvo lugar en Barcelona en juni0 de 2019 (“El Víbora. Cómix contracultural“, MNAC – Museo Nacional de Arte de Cataluña-), El Vibora recibe un poderoso ascendiente: “también de algo muy nuestro: la escuela Bruguera”. La realidad de la calle, pasada por una oscuro tamiz de vueltas de tuerca, tantas que parece prácticamente imperceptible ver la mano de Mortadelo y Filemón, Carpanta o Zipi y Zape en algunos de los descarnados protagonistas de El Víbora, entregados a mil y un excesos. Guiral reflexiona acerca de la gente de El Víbora: “no se quedaron acojonados como muchos otros sino que mostraron una reflexión irónica y sardónica sobre lo ocurrido, algo que ningún otro medio de prensa o comunicación tuvo narices de hacer”.

Todos los que conocimos los caústicos contenidos de la revista El Víbora coincidimos en que en las actuales condiciones de pacatismo social, difícilmente podría publicarse algo parecido. En aras de eso que se llama “corrección política“, en mi opinión hay muchos autores que se autocensuran, no vayan a ser vapuleados en las redes sociales. Aquellos fueron tiempos para mentes más abiertas, más libres, más espontáneas y por qué no, más inteligentes. La audacia de El Víbora es inviable en nuestros días.

He tenido que tirar de hemeroteca para recordar algún personaje además del/la inolvidable Anarcoma y el novio calvo medio robot que tenía y que la ponía “mirando a Cuenca” (“echa leche, nene, ¡echa lecheeeeeeee!“). El Niñato, un miembro del lumpen de barrio, creado por Gallardo y Mediavilla; taxistas ávidos de justicia (de la suya propia, claro), obra de Martí; Roberto el Carca, una especie de agente secreto (algo así era, si no recuerdo mal, la propia Anarcoma), Dolores y sus labores (de Marta), las historietas subidas de tono de María Luisa Barraquer (alias Isa Feu, quien explicaba sin tapujos en sus viñetas el arte de hacer un buen cunnilingus), los drogotas de Calonge

Con la portada del número dedicado a los primeros diez años de la publicación (1979-1989), los responsables de la revista renovaron una vez más (¿alguien lo dudaba?) su intención de transgredir las normas éticas y estéticas de la historieta clásica y la moralina social. No en vano en esta portada vemos al célebre Snoopy sodomizando sin compasión a Woodstock, el pajarillo que ejerce de amigo del famoso perro en las viñetas originales de Schultz. Otra de sus más celebradas incursiones en el mundo de la provocación fue el histórico número especial dedicado al golpe de Estado de 1981, cuando todavía esta herida se mostraba sangrante.

Pero como decía la maravillosa canción de los Módulos, todo tiene su fin. En un comunicado de Prensa difundido por Editorial La Cúpula el 20 de febrero de 2004, se anunció el final de la transgresora publicación:

«El Fin de “El Víbora”. La revista de cómic El Víbora anuncia su probable cierre. 20 de Febrero de 2004. Con las ventas actuales, la situación se ha hecho insostenible. En consecuencia, después de 289 números, después de casi 25 años de historia (…) la revista El Víbora está a punto de cerrar. Tres números más y se acabó (…)».

Fin de la historia.

NOTA: La imagen que ilustra este artículo corresponde a Nazario: original para la portada del núm. 1 de ‘El Víbora’, 1979 © Nazario, VEGAP, Barcelona, 2019.

Por Diego Salvador Conejo

 

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