Forges cronista jocoso de una época salvadorebooks

Forges cronista jocoso de una época

Mis recuerdos personales del gran humorista

Yo crecí con Forges. Forges, el cronista jocoso de una época. Me hice mayor con sus divertidas y agudas viñetas. Porque Forges fue el juglar imprescindible de una etapa histórica. Desde sus comienzos en 1964 hasta su fallecimiento en febrero de 2018. Más de 50 años…¡ahí es nada!

Forges tuvo tanta influencia sobre los chavales que asistíamos a clase en el madrileño (más que madrileño, vallekano, con “k”) instituto Tirso de Molina a finales de los años 70 y comienzos de los 80, que tenía compañeros que llenaban durante el recreo la pizarra de monigotes con el aspecto de los que ideó este genio del humor. Personajes como Mariano, Concha, la maciza Vicky, los náufragos, los “blasillos“… Casi siempre señores narigudos, con gafas, calvos y con bigote… Otros en cambio, eran más de Ibañez. Y también atiborraban el encerado de personajes que semejaban y recordaban a Mortadelo y Filemón. Cuando venían los profes después del descanso ponían el grito en el cielo. Tiempos aquellos que no volverá…

Cuando falleció Forges desapareció toda una referencia vital. Con él murió un poco de cada uno de los españoles que leímos sus acertadas críticas en forma de viñetas. No es exagerado lo que digo, pues muchos lo llevábamos pegado a la piel, como si sus historietas formasen parte intrínseca de nosotros. Forges, como otros muchos, participa de la idiosincrasia particular de todos los que crecimos a la sombra de la EGB. Como decía la canción, “si muere Forges, en quién vas a confiar”. Bueno, no era exactamente así, pero a buen entendedor…

Forges y todas las vivencias culturales (y de todo tipo, claro, pero este es un blog culturillas) que impregnan nuestras neuronas: música, programas de TV, prensa, literatura… En fin todo ese bagaje cultural que vamos aprehendiendo (sí, con “h” intercalada) a lo largo de la vida y que pasa a formar parte inherente de nuestra propia personalidad. Forges es sin ninguna duda bagaje cultural.

Mi experiencia con Historia de Aquí y Los Forrenta años

Todavía tengo por casa unos cuantos fascículos de aquella impagable Historia de Aquí (¿Pero qué dice? ¡Y yo qué sé! – como decía el hilarante anuncio televisivo que publicitaba la colección).

Como nota curiosa, los fascículos de Historia de Aquí que adquirí entonces, fueron publicados por la Editorial Bruguera en 1980 y costaban el módico precio de 95 pesetas de las de entonces. Se editaron 50 fascículos de esta primera Historia de Aquí. En el prefacio de la edición Forges escribió: “La historia de este país de países es una de las más apasionantes aventuras de ese animal que tiene envidia, llamado hombre“. Por entonces se decía de Forges que era el grupo de presión individual más importante de este país.

El propio autor comentó en alguna ocasión que se juró a sí mismo “divulgar la auténtica y verdadera Historia de Aquí” cuando le tuvieron dos horas castigado cara a la pared por preguntar al “padre José Ramón si era verdad que Fernando el Católico se casó otra vez cuando palmó Isabel“.

Forges cronista jocoso de una época

Y de los Forrenta años, ¿qué decir? Es un peculiar historiciclo (como denominaba el autor a este tipo de cómics suyos tan personales de contenido histórico) que trata de los años de Franco vistos desde el particular prisma de Forges. Se atrevió a abordar la dictadura apenas dos años después de la muerte de Franco. Fue la primera crónica humorística del franquismo. De alguien que lo había vivido en primera persona.

Pero el humorista también tiró de hemeroteca para sacar a la luz anécdotas curiosas que poblaban las páginas de los diarios. Como la noticia aparecida en La Mesta de Barcelona el 22 de marzo de 1965: “Una vaca alumbra una extraña criatura en Amorebieta (Vizcaya). El raro animal es mitad ternero, mitad cerdo, aunque las características de este último son más acusadas”. A veces la domesticada prensa hispana semejaba una especie de Mundo Today cañí.

Forges reflejó magistralmente el ambiente gris de la exhausta España surgida de la última guerra civil. “Mientras el gobernador civil de Álava ‘impone fuertes multas a jóvenes hippies’, la prensa informa que en Madrid hay 2376 peluquerías de señoras”. Un texto aparecido en el Número 8 de Los Forrenta Años, intitulado “De cuando Palomares y la mini-falda (1965-1968)“. ¿No les recuerda al estrambótico NODO? El Gobierno y sus adláteres transmitiendo la sensación (falsa) de una España luminosa y alegre. La realidad era muy distinta. Pero se pusieron todos los medios para ocultarla. ¡Ay esa censura!

Los Forrenta Años fueron editados por Sedmay Ediciones, su depósito legal es de 1977 y costaban 60 pesetas. Todavía conservo estas reliquias y no pierdo la esperanza de hacerme con ambas colecciones algún día. Una cuestión de pereza y/o memoria de pez. La mía, obviamente.

Sin duda ambas colecciones de historiciclos son obras maestras del cómic patrio. ¡Cómo no aprender historia así!

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El peculiar humor de Forges

En cualquier caso, imposible olvidar a Forges, agudo comentarista de la actualidad, su actualidad. Su realidad. Que era la de todos los que tenían algo de lucidez. Forges estaba dotado de un maravilloso sentido para plasmar en dibujos una acerada visión crítica de situaciones cotidianas. Y expresaba como nadie el costumbrismo español. Testigo inigualable de 50 años de historia. Un tipo que sacaba punta a las mezquindades patrias. Un tipo capaz de resumirlo todo en un par de monigotes narigudos y calvos diciendo en sus bocadillos poco más de tres palabras e incluso una sola: ¡País!

El humor de Forges es expresivo a la vez que esperpéntico, tierno y mordaz. Pero no nos dejemos engañar por el barniz blanco con el que hábilmente recubría sus viñetas, pues esconde un humor ácido y punzante. En ocasiones sus viñetas han llegado a ser bastante oscuras.

Y siempre pendiente de los más desfavorecidos. Recuerdo que en su viñeta diaria de El País, y durante mucho tiempo, después del chiste sobre actualidad de turno y junto a su firma, nos recordaba aquello de “Pero no te olvides de Haití“. Fue después de aquel terrible terremoto que destrozó, aún más si cabe, uno de los países más pobres del mundo.

La obra menos conocida de Forges

Antonio Fraguas, Forges (su propio apellido Fraguas, traducido al catalán) para todo el mundo, nació en los Madriles un venturoso día de enero de 1942.

Como casi todos en aquellos años bárbaros, empezó a trabajar pronto, con catorce añitos. Primero prestó sus servicios en Televisión Española, donde permaneció hasta 1973. Después se dedicó en cuerpo y alma al humor gráfico. Todavía pueden verse las huellas del trabajo de Forges en el Ente público en los rótulos del programa de refritos Viaje al centro de la tele, al que presta voz el omnipresente Santiago Segura.

Publicó su primer dibujo en el diario Pueblo en 1964. Colaboró ya como humorista gráfico en otro diario, Informaciones. Desde 1970 realizó sus viñetas en Diez Minutos. Y en Hermano Lobo, Por Favor y El Jueves, todas ellas revistas de humor dedicadas habitualmente a cuestiones políticas.

Colaboró en la prensa “seria” (bueno, algo así), en concreto en Diario 16 y El Mundo, y desde 1995 publicó un chiste diario en El País. En este último hasta prácticamente el día anterior a su muerte.

Forges ha sido el cronista jocoso de una época no solo en la prensa escrita. También ha participado en programas radiofónicos como Protagonistas, de la mano de Luis del Olmo (varias emisoras de radio); en La ventana, conducido por Gemma Nierga y Javier Sardá (en la Cadena Ser). También colaboró con Pepa Fernández en No es un día cualquiera (RNE).

En el mundo televisivo también hizo sus pinitos. Dirigió cuatro series (de humor, por supuesto) en la pequeña pantalla (como se llamaba antes al formato de TV -que ahora hay más dispositivos-): El Muliñandupelicascarabajo (1968), Nosotros (1969), 24 horas aquí (1976), en TVE, y Deforme Semanal (1991), en Telemadrid, junto con su hermano José María.

24 horas aquí fue un telefilm autoparódico en el que Forges satirizaba el día a día en TVE, la que fue su casa durante tantos años.

Deforme Semanal fue un informativo humorístico, primera referencia al info-espectáculo, uno de cuyos representantes más genuinos es El Intermedio del Gran Wyoming en La Sexta.

Muliñandupelicascarabajo fue ideada por Forges, P. García, Tomás Summers, Guillermo Summers, Joaquín Gordillo y Anselmo Cortés. El personaje principal era un inglés, al que acompañaba su secretaria y su chófer: «Una especie de diablo cojuelo que anda por las alcantarillas en vez de por los tejados», decía del personaje el propio Forges.

Forges también se acercó al mundo de la gran pantalla y dirigió dos películas: País S. A. (1975) y El bengador gusticiero y su pastelera madre (1977).

País S.A. es una farsa protagonizada por María Luisa San José en la que un millonario con pocos escrúpulos (como casi todos) colabora con unos delincuentes para simular su propio secuestro y cobrar un suculento rescate. Una crítica grotesca de Forges y de Ramón de Diego hacia los poderosos, una constante en la extensa obra del autor madrileño.

El bengador gusticiero y su pastelera madre es una película cuyo título entra de lleno en el divertido y personal argot forgesiano. De nuevo con Ramón de Diego como coguionista. En esta ocasión Forges y De Diego contaron con la inestimable ayuda de un muy cualificado profesional del sector, Jaime de Arminán. El tema del film se adentra en el querido costumbrismo de Forges, pues trata de las gentes y sus hábitos en un pueblo de la España Profunda. La España vaciada, como se dice hoy día.

Breve acercamiento a la (ingente) obra gráfica de Forges

Su obra gráfica es descomunal y suficientemente conocida, por lo que tan solo daré alguna que otra pincelada sobre ella. En 1972 se editó El libro de Forges. Desde entonces el humorista publicó numerosos volúmenes de diferentes temáticas. En 2014, en el quincuagésimo aniversario de la aparición de su primer dibujo se publicaron El Libro (de los 50 años) de Forges, un  compendio de sus mejores viñetas, y Coloréitor: El Libro Antiestrés De Forges.

Gran parte de la obra temática de Forges como cronista jocoso de una época lo constituyen sus cómics dedicados a Historia de Aquí, de los que ya he hablado, y recopilados en tres volúmenes englobados bajo el sugerente epígrafe de Lo Más De La Historia De Aquí. Sus títulos: Desde Atapuerca a Fefe Botesha, pasando por los árabes; La Edad Forgesporánea y De 1975 al Siglo XXI (pasando por la Consti y la Transi).

O los álbumes dedicados a la informática para torpes, cuando la tecnología comenzaba a enseñorearse de los hogares de los españolitos de a pie. Sin olvidar la maravillosa colección Los Forrenta Años, de la que también hablé un poco más arriba.

Inmerso como estaba en tan extensa producción humorística, Forges también tuvo tiempo de asomarse al mundo de la novela, sacando al mercado Doce de Babilonia.

Durante toda una vida dedicada a la creación y a arrancar una sonrisa a los demás (cuando no una sonora carcajada) fue galardonado con distintos premios, como el Premio a la Libertad de Expresión de la Unión de Periodistas de España, la Creu de Sant Jordi, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio Nacional de Periodismo Pedro Antonio de Alarcón.

Los inventos de Forges

Siempre me fascinó la capacidad de Forges, como el gran cronista jocoso de una época que fue, para crear un argot propio plagado de “palabros” sacados de debajo de las piedras, cuando no inventados por él mismo.

Sus personajes se expresan en un lenguaje imposible y políticamente incorrecto en ocasiones que no pasaría el examen de la rancia RAE: talmente, se los juro, ¡País!, ¡ayvé!, ¡lo hise!, dishoso lo cliso que te junan, por shulo seré inexoreibol contigo, me tenía los bustos erosionados, ¡joía taba, oyes!, ¿petece bocata carbónico, chati?, ¿qué farfullas, correoso maciste fláccido?, bropongo ir al templo de las vestales y gorrerlas amfos dosss en cueritatis, Buenas ¿Trajano? Sí tío ¿passa?…

La lista del argot forgesiano es infinita. ¡Hasta siempre, MAESTRO!

Por Diego Salvador Conejo

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