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El objeto de la Arqueología

El objeto de la arqueología es estudiar los cachivaches enterrados desde la época de Matusalén. Como poco. Veamos. Desde siempre el trabajo agrícola ha sacado a la luz los objetos utilizados por el ser humano hace la tira de años. Las hachas pulimentadas neolíticas, por ejemplo, fueron denominadas “piedras de rayo” y como se pensaba que poseían propiedades sobrehumanas, los campesinos las conservaban y guardaban con sumo cuidado.

En nuestros ajetreados y digitalizados días, en los que nos tomamos mucho más en serio los descubrimientos arqueológicos, los que se encuentran objetos del pelaje de una falcata ibérica o un arado romano en sus campos, suelen, o deberían, comunicarlo a la autoridad competente. Y si no, se lo guardan en casa de recuerdo. Incluso a veces algún desaprensivo acaba vendiéndolos en el lucrativo mercado negro de antigüedades, que existe y está en pleno funcionamiento.

Tras esta breve introducción, nos sumergimos ya plenamente en el objeto de la arqueología. La Arqueología es la ciencia que se ocupa de la excavación, de los métodos de la misma y de los estudios de las muestras y objetos desenterrados, pertenecientes tanto a períodos históricos como prehistóricos.

Los vestigios arqueológicos, ya sean restos de industria y actividades antrópicas, desechos alimentarios, huesos fragmentados de animales,… sirven para explicar la flora, la fauna, el clima… O cómo vivían los miembros de la sociedad que los creó y utilizó.

La Arqueología proporciona datos fríos y concisos ante los que el mito, la leyenda, la tradición, queda arrinconado como un cuento para niños. Incluso algunas veces las fuentes escritas contemporáneas de los restos arqueológicos quedan en mal lugar ante la precisión arqueológica. Pero es el signo de los tiempos y de la evolución del pensamiento humano, que se torna más materialista si cabe a medida que se conoce mejor su entorno próximo y el lejano.

Toda comunidad humana tiene o ha tenido la tentación de explicar sus orígenes más remotos desde un punto de vista mítico cuando no ha sido capaz de usar herramientas conceptuales más adecuadas y cercanas a la realidad. Intentos de explicar esos orígenes, en ocasiones tratando de explicar lo inexplicable y desde ellos, transmitir la cotidianeidad de la vida. Su historia, en definitiva.

En el paso del mito a la Arqueología podemos comprobar diferencias fundamentales y de concepto. Los mitos de origen se basan en la tradición. Se transmiten por vía oral o escrita y son tan subjetivos que desde que sucede el hecho hasta el final de la cadena narrativa, queda muy poco de lo acaecido originalmente. Una de las características principales del ser humano es su capacidad de inventiva.

Sin embargo, los estudios arqueológicos se basan en huellas materiales conservadas bajo tierra durante cientos y miles de años y que no han sufrido transformaciones trascendentes. El objeto de la Arqueología es contar la verdad. O al menos, intentarlo con los medios humanos y tecnológicos de los que dispone.

A pesar de la buena disposición para investigar de manera lo más imparcial posible el objeto de la Arqueología, el ser humano es capaz de realizar interpretaciones subjetivas según la persona que se encargue de la investigación. Pero en modo alguno (¿o sí?) con un carácter tan fantasioso como en el caso de los mitos de origen, obra posiblemente de múltiples individuos, pues cada miembro de la cadena narrativa aporta su propio granito de arena.

Otra diferencia entre los mitos de origen y la Arqueología es que los hechos relatados en el mito muy pocas veces se refieren a costumbres, oficios y técnicas. Por la sencilla razón de que no son atractivos para la gente. En el fondo, y no tan en el fondo, nos gusta que nos cuenten de las creencias y religiones, de los héroes y sus virtudes y defectos, de sangrientos hechos de armas, de horripilantes crímenes, conquistas tremebundas y gloriosas derrotas.

La Arqueología saca a la luz materiales que muestran indirectamente una serie de actividades cotidianas de las personas que las utilizaron y que nada tienen que ver con los grandes acontecimientos de los que se hacen eco los mitos, leyendas y tradiciones. De hecho los vestigios arqueológicos pueden llegar a confirmar o desmentir hechos recogidos (si llega el caso) en fuentes contemporáneas al mismo.

Los cachivaches arqueológicos poseen la virtud y la frialdad de lo puramente objetivo, pues la Arqueología, como ciencia, trata de indagar en una verdad imparcial, lo más objetiva posible, y lo hace con precisión, certeza y validez. Pero sin carecer de su puntillo de subjetividad, pues todo depende del cristal con el que se mire. Nunca dejamos de ser humanos. En el fondo nos encanta que nos cuenten historietas. Aunque no sean demasiado realistas, porque… ¿quién posee la verdad absoluta?

por Diego Salvador Conejo

 

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