Nobel de Aleixandre. Foto diario ABC. salvadorebooks

El Nobel de Vicente Aleixandre

Reconozco que del premio Nobel de Vicente Aleixandre no conservo ningún recuerdo. Lógico por otra parte. A los 13 años uno no suele estar demasiado familiarizado con el premio de Literatura más prestigioso del mundo. Aunque se hubiese otorgado a un poeta español, uno de los máximos representantes de la Generación del 27. Más bien nuestro objetivo eran entonces los partidos de fútbol, los rescates y las carreras de chapas.

Pero sí. Así fue. El 6 de octubre de 1977, la Academia Sueca galardonó a Aleixandre con el prestigioso premio en atención a su obra poética. Estaba dotado económicamente por entonces con 12 millones de pesetas. Posiblemente el galardón se concedió no sólo al propio poeta. Fue además, según Javier Lostalé, escritor y amigo de Aleixandre, una forma de reconocer la importancia literaria de la Generación española del 27, que cumplía en 1977 su medio siglo. Y quizás también, como se hizo eco la prensa nacional de la época, la manera de incorporar a España al panorama cultural occidental, después de décadas de oscuridad. El Nobel de Vicente Aleixandre significaba que algo estaba cambiando en nuestro país.

Aleixandre tenía 79 años y era el primer español que recibía un Nobel de Literatura desde 1956, cuando lo ganó Juan Ramón Jiménez. El propio poeta, siempre cauto, declaró que no esperaba ganar, pues no aparecía incluido en la lista de finalistas. Su sorpresa fue mayúscula cuando recibió la noticia a través de los periodistas de la agencia France Press en su refugio de la calle Velintonia de Madrid.

Muchos años después, el escritor y crítico literario Diego Doncel recordaba que “había un claro sentido político” en el Nobel de Vicente Aleixandre. El premio supuso al principio una gran alegría para el escritor sevillano, pero también para el mundo cultural español. No obstante, el anciano poeta vio trastocada su ordenada vida. El dichoso premio se convirtió en un auténtico dolor de cabeza para él y su familia. El jaleo que se originó en su casa, con la asistencia de periodistas, curiosos, políticos, compañeros del ambiente cultural…, fue de tal magnitud que le ocasionó una situación de gran estrés. Todos querían entrevistarle, saludarle, felicitarle,… Aleixandre era persona habituada a tratar, a charlar, con una o dos personas a la vez. Nada más.

Según relata su amigo el escritor y periodista Fernando Delgado, a raíz de la consecución del Nobel, el autor sufrió presiones para llevarlo a todos lados, cuando la verdad es que prácticamente no se podía mover. Desarrolló a consecuencia de la tensión un doloroso herpes zóster. Como el autor no gozaba de demasiada buena salud, su casa se había convertido en un verdadero santuario, un punto de encuentro de intelectuales y literatos, “donde se compartían opiniones o gustos”, según Delgado.

Aleixandre ya hubiese podido ganar el Nobel durante la dictadura de Franco. Pero afortunadamente no ocurrió, situación que habría incomodado sobremanera al poeta. Hubiese tenido que ir a saludar al dictador, asegura Delgado. Cuando finalmente se hizo con el premio, el por entonces alcalde de Madrid, Juan de Arespacochaga, ya propuso cambiar de nombre a la calle donde vivía y darle el nombre del poeta. Aleixandre rechazó la propuesta por la sencilla razón de que este regidor no había sido elegido en las urnas.

Hoy en día Aleixandre, fallecido en 1984, parece haber caído en el olvido, alejada su memoria de las corrientes poéticas actuales. Federico García Lorca continúa siendo la cabeza de cartel de la Generación del 27. Grupo irrepetible en el que se dieron cita literatos de la talla de Rafael Alberti, el propio Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Y Vicente Aleixandre.

La casa del poeta fue visitada por los grandes literatos del siglo XX, pues debido a su delicada salud, permanecía en ella mucho tiempo, obligado por sus largas convalecencias. Durante años ha permanecido en estado ruinoso. Hoy en día la calle donde se alza la casa de Aleixandre toma el nombre del poeta sevillano. Pero la propia vivienda se ha convertido en un quebradero de cabeza para los herederos. El Ayuntamiento de Madrid se planteó expropiar el inmueble para instalar un centro de interpretación de la poesía. O la casa-museo del escritor, que puede que llegue a inaugurarse algún día. Pero ni familia ni consistorio terminan de ponerse de acuerdo.

por Diego Salvador Conejo

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