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El Nobel de Camilo José Cela

El año 1989 fue el del premio Nobel de Camilo José Cela, quien lo ganó en su modalidad literaria, convirtiéndose en el quinto español en ganarlo. Antes que él, los afortunados fueron José Echegaray, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.

Cela obtuvo el más importante galardón literario del mundo gracias a su “prosa rica e intensa, que con refrenada compasión configura una visión provocadora del desamparado ser humano”. Ese fue el dictamen del jurado de la Academia de la Lengua Sueca encargado de conceder estos prestigiosos premios. Estaba dotado con 54 millones de pesetas.

El escritor, como la inmensa mayoría de los afortunados que ganan estos premios, se declaró sorprendido. No aparecía en las quinielas entre favoritos de aquel año. Aunque en anteriores ocasiones sí que estuvo bien colocado entre los preferidos para alzarse con el triunfo. Pero en ese momento, al no ser declarado favorito, Cela sospechaba algo, como dijo él mismo.

Una vez saltó la bomba informativa el 19 de octubre, los periodistas de la Agencia Efe y de Radio Nacional recogieron sus primeras impresiones. Según el propio literato, eran de “emoción controlada, porque estoy muy tranquilo, con una gran paz”.

Los Reyes y el presidente del Gobierno, Felipe González le felicitaron calurosamente. González, de viaje oficial en Washington señaló el “reconocimiento a una obra personal y a la literatura española”.

En cambio, Rafael Alberti se sumó a la polémica que rodeó la concesión del Nobel a Cela, pues se le preguntó su opinión sobre el hecho de que éste ganase el Nobel. Alberti aseguró que “sería una vergüenza que se le otorgara a un censor franquista“, según Ernesto Dethorey. Dethorey, había sido jefe de prensa en la embajada de España en Suecia durante la República.

Durante un tiempo, no se supo quien acompañaría a Cela a la entrega, si su mujer Rosario Conde, o Marina Castaño, que ya por entonces era compañera del escritor. Desde la Fundación Nobel se comunicó a la diplomacia española que todas las opciones eran posibles: “Debe elegir cuál (mujer) se sienta a su lado; las siguientes, pasan a la fila de atrás”. Algo natural para un escandinavo liberal y protestante e inadmisible para un meridional católico.

La delegación oficial del gobierno la encabezó Francisco Fernández Ordóñez, ministro de Asuntos Exteriores y no Jorge Semprún, algo que hubiese parecido más lógico, como ministro de Cultura que era. Pero en diplomacia nunca se sabe. Y menos cuando los protocolos son tan rígidos como en este caso. Representando a la Casa Real asistió la infanta Cristina. El propio Cela aterrizó en Estocolmo el 5 de diciembre con Marina Castaño y la hija pequeña de ésta.

Rosario Conde manifestó en la prensa haber tenido la ilusión de ir a Estocolmo a recoger el premio, tras haber sido esposa de Cela durante cuarenta y cuatro años. El hijo del matrimonio, Camilo José Cela Conde, en cambio, sí que acudió.

Durante la prolongada cena que siguió a la entrega de premios, la Reina de Suecia preguntó por su estado de ánimo a Cela y éste se descolgó con un de sus célebres salidas: “Jodido pero contento“. Ese Cela provocador también emergió cuando una diplomática sueca le expuso el programa de uno de esos ajetreados días, en el que unas jóvenes vestidas de blanco entraban en las habitaciones de los galardonados cantando. El problema era la hora. Las 7:30 de la mañana. Cela, jocoso, fue y soltó algo como: “¿A las siete y media dice usted? Esa noche, Marina, no te olvides, duermes con camisón”.

Desde la concesión del Nobel de Camilo José Cela se encendió la polémica dentro de ciertos ambientes culturales y políticos. No era natural que un escritor se alzase con el galardón sueco sin hacerlo antes con el premio Cervantes. Cela dijo entonces otra de esas frases características en un provocador nato como él, pues aseguró que era “un premio cubierto de mierda“. Pero no tuvo reparos en recoger el Cervantes años después, tras ganarlo en 1995.

Del Nobel de Camilo José Cela guardo algún que otro recuerdo, aunque ciertamente envuelto en la nebulosa de la alocada juventud de mis 25 años. Pero reconozco que recibí la noticia del premio a Cela con cierta alegría e ilusión. Era un tío de aquí. De pasado y presente turbio, eso sí. No oculto que no pasé de la primera página de San Camilo 1936, escrita en modo experimental, como monólogo interior continuo.

Pero La familia de Pascual Duarte, que el autor escribió en 1942, con 26 años, sí que me causó una honda impresión cuando la leí. Una impacto que se agudizó al visionar la cruda película dirigida por Ricardo Franco basada en esta novela. Una narración que mostraba al Cela más descarnado, a la par que a un Cela todavía juvenil, pero maduro a la vez. Sin olvidar que esta espléndida novela supuso el deslumbrante debut literario de su autor.

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