Museo Thyssen en Madrid. salvadorebooks

El Museo Thyssen en Madrid

La colección Thyssen

No sé qué andaría haciendo un servidor aquel lejano 8 de octubre de 1992. Porque ese fue el día que se inauguró el Museo Thyssen en Madrid. Seguramente no pasó demasiado tiempo hasta que acudí a visitarlo, pues fue noticia bomba en su día. Que una de las colecciones privadas más importantes del mundo recalase en nuestro país fue de lo más sonado que sucedió en el ambientillo cultural hispánico de aquel año. ¡Ojo! Que también fue el año de la Expo de Sevilla y de las Olimpiadas de Barcelona. Así que había eventos de relumbrón para elegir.

Antes de recalar en Madrid, la colección Thyssen ya había visitado nuestro país anteriormente. Fue en forma de sendas exposiciones temporales, que también se celebraron en la capital. Una de ellas se dedicó en 1986 a los maestros modernos y tuvo como sede la Biblioteca Nacional. La otra muestra tuvo lugar en 1987, dedicada a los maestros antiguos y acogida en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, esa gran desconocida.

Cuando se abrió al público la colección, era todavía propiedad de la familia Thyssen-Bornemisza. Un año después, fue adquirida por el Reino de España. Y en 2004, el Museo adquirió todavía más obras, pertenecientes a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

El Museo Thyssen en Madrid expone obras de maestros de estilos muy diversos: Van Eyck, Ghirlandaio, Durero, Tiziano, El Greco, Caravaggio, Rubens, Rembrandt, Canaletto, Friedrich, Monet, Renoir, Degas, Morisot, Cézanne, Van Gogh, Picasso, Kandinsky, O’Keeffe, Dalí, Hopper, Rothko… Desde obras que datan del siglo XIII hasta las más actuales.

Los artífices principales de la colección Thyssen fueron los barones Heinrich (1875-1947) y su hijo Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921–2002).

El Barón Hans Heinrich y el arte pop

Una de las grandes pasiones del barón Hans Heinrich fue el arte pop. El Museo Thyssen en Madrid guarda obras de artistas pop de la talla de Rauschenberg, Lichtenstein, Rosenquist o Wesselmann. Pero curiosamente falta el máximo exponente de esta corriente artística del siglo XX. Andy Warhol, por supuesto. Guillermo Solana, director artístico del Museo desde 2005 explicó en su día la razón.

Solana se basa en las memorias de Simon de Pury, conservador jefe de la colección familiar de Villa Favorita en Lugano (Suiza). Parece ser que la cuarta mujer del barón, Denise Shorto, tenía un hermano un tanto casquivano que frecuentaba el círculo de Warhol. Este hombre estaba empeñado en que Warhol hiciera los retratos de su hermana y del barón. Denise posó sin problemas, pero con el barón la cosa era más complicada. El hermano de Denise se llevó al propio artista de Pittsburgh a Villa Favorita.

En una cena celebrada en la mansión de los Thyssen, Warhol se puso a manipular algo debajo de la mesa. Hans Heinrich le preguntó que qué estaba haciendo. Y Warhol le enseñó la grabadora que siempre llevaba consigo. Tenía la curiosa costumbre de documentar así los eventos sociales a los que asistía. Pero al barón le sentó peor que mal. Warhol salió de Villa Favorita casi por patas. Y el barón Thyssen cerró la puerta a sus obras para siempre.

El Palacio de Villahermosa

A comienzos de los años 80, el barón Hans Heinrich Thyssen buscaba un lugar adecuado donde emplazar su colección. Las salas del palacio de Villa Favorita, donde tenía su residencia, se habían quedado pequeñas para el extenso tamaño de la colección familiar.

Conocidas en el mundo entero las intenciones del Barón Thyssen, comenzó a recibir jugosas ofertas de importantes instituciones culturales. En 1988 se le propuso como sede el Palacio de Villahermosa en Madrid y frente al Museo del Prado. ¡Bingo! Aquello fue el golpe definitivo para convencer al barón.

La fachada principal del palacio da a la Carrera de San Jerónimo, frente al antiguo Palacio de Medinaceli, donde hoy se alza el Hotel Palace. Pero ahí no hallamos ni rastro del escudo nobiliario de los Villahermosa, como debería ser. Se encuentra en el acceso al Museo, que da a la calle Zorrilla. ¿Por qué? Pues porque los Duques de Medinaceli tenían más pedigrí y frente a su escudo no podía haber otro, según privilegio real concedido en la noche de los tiempos. Por eso los Villahermosa tuvieron que instalar su heráldica en una fachada secundaria.

La construcción del Palacio de Villahermosa fue encargada al arquitecto Antonio López Aguado por la esposa del duque de Villahermosa de la época, María Pignatelli y Gonzaga. Fue terminado de construir a comienzos del siglo XIX, en estilo neoclásico.

La negociación

El barón Thyssen exigía las mejores condiciones de conservación para sus preciadas obras, que le fueron garantizadas por los responsables de Cultura del Estado español. Además la esposa del barón, Carmen Cervera influyó decisivamente para que Madrid fuese elegida la futura sede de la colección Thyssen.

De hecho, si Carmen Cervera (miss España en 1961), no se hubiese casado en 1985 con el barón Hans Heinrich Thyssen, es posible que no existiese hoy día el Museo Thyssen en Madrid. Estaría en cualquier otro lugar del mundo: Londres, París, Los Ángeles, Bonn, Stuttgart… Ella fue la quinta esposa del magnate. Y sin duda la que más contribuyó a una decisión favorable. No obstante el sueño inconfesable del barón siempre había sido que su colección estuviese cerca del Museo del Prado.

Las negociaciones comenzaron en 1986. En ellas estuvieron implicados el Rey Juan Carlos I, el presidente del Gobierno Felipe González, el duque de Badajoz, Javier Solana, Jordi Solé Tura y Jorge Semprún. Entre otros. Y Carmen Cervera, por supuesto. Seguramente por cosas como éstas, muchos conocen a la baronesa como Tita Superstar. Dichas negociaciones fueron llevadas con gran secretismo, hasta tal punto que a los periodistas más avezados les resultó sumamente complicado seguirlas.

Gran Bretaña apostó muy fuerte. La primera ministra Margaret Thatcher y el eterno príncipe de Gales enviaron en 1988 a Villa Favorita a un experto equipo negociador. Presionaron lo suyo al barón Thyssen, pero no lograron alcanzar ningún acuerdo. Este sonado fracaso para las huestes británicas significó para Thatcher una de sus mayores frustraciones como primera ministra del Reino Unido.

El contrato

En 1988 se firmó el contrato entre la familia Thyssen y el estado Español. El acuerdo se llevó a cabo después de haber sido aprobado con los votos del PSOE, del PP y del CDS. Votaron en contra IU y CiU. Eran otros tiempos…

En cumplimiento del compromiso adquirido por ambas partes, se entregaron a España las obras principales para exponerlas en Madrid. Otra parte se expuso en el Monasterio de Pedralbes de Barcelona. España a cambio se comprometía a rehabilitar y acondicionar el Palacio de Villahermosa para acoger la colección. Además se creó una Fundación para gestionar el conjunto de las obras. El Museo Thyssen en Madrid estaba en marcha.

Discrepancias

El prestigioso arquitecto Rafael Moneo se encargó de los trabajos de acondicionamiento del edificio elegido, que culminaron en 1992. Moneo redistribuyó el interior del Palacio conformando amplias salas, y otorgó importancia capital a la luz natural, instalando para ello lucernarios controlados mediante sensores.

Moneo se las tuvo que ver con los caprichos de la baronesa Carmen Cervera. Cervera impuso su criterio al elegir un tono terracota para los paredes, favoreciendo la sensación de calidez del espacio museístico. Según ella, pues recibió duras críticas desde diversos sectores. El arquitecto defendía un color gris neutro, según él más adecuado para un Museo. Moneo quería para el suelo madera, pero de nuevo Cervera se salió con la suya. Mármol para el pavimento. Genio y figura.

De resultas de los caprichos de Carmen Cervera, el Museo Thyssen en Madrid puede recordar en ocasiones más a las ostentosas mansiones-museo privadas norteamericanas que a los sobrios museos públicos europeos. Pero donde manda patrón (aquí patrona)…

Traslado y apertura

Una vez estuvo preparada la nueva sede, se procedió al traslado del resto de las obras desde Lugano. En octubre de ese mismo año 1992, los Reyes de España inauguraron oficialmente el Museo Thyssen en Madrid. En verano de 1993, se acordó la compra definitiva de la colección por el Estado español. Se pagaron 350 millones de dólares por 775 obras que pasaron a engrosar el patrimonio nacional. Una excelente inversión, sin duda.

El éxito de público y crítica, la calidad de la colección y de las propias instalaciones hicieron dar este paso decisivo a la familia Thyssen. Con la apertura del Museo Thyssen en Madrid, surgió el “Triángulo del Arte” madrileño, formado por el propio Museo Thyssen, el Museo del Prado y el Museo Reina Sofía (creado para albergar el Guernica de Picasso). Indispensable para cualquier amante de la Cultura en general. Y del Arte en particular.

Por Diego Salvador Conejo

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