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El Instituto Tirso de Molina, una institución en un barrio obrero

Inaugurado en 1967, en el madrileño barrio de Vallecas, el Instituto Tirso de Molina (actualmente I.E.S – Instituto de Enseñanza Secundaria) sigue abierto y enseñando a más de 1.000 alumnos, aunque actualmente los estudiantes acuden a un edificio bien distinto del original. Podría decirse que el centro vive una versión 2.0, ya que en 2010 fue demolido para subsanar los problemas de construcción que llevaba arrastrando casi desde su inauguración. Como dato anecdótico, es en este instituto donde el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha ejercido su derecho al voto hasta su traslado de domicilio, fuera del popular barrio.

Otro dato anecdótico, pero no por ello menos importante, es mi condición de ex-alumna del Instituto Tirso de Molina, al que también acudieron a estudiar mi hermano Diego y su propio hijo, mi sobrino Alejandro.

El Tirso, como popularmente es conocido en el barrio por alumnos, exalumnos y docentes, es el primer centro de enseñanza media que se abrió en un barrio de gente obrera y talante reivindicativo, proyectado por el arquitecto Víctor d’Ors, hijo del intelectual Eugenio d’Ors. Eso sí, se diseña con una estructura simétrica porque, aunque mixto, el nuevo centro está adscrito en origen a la segregación de sexos, por lo que chicos y chicas debían disponer de entradas independientes a sus respectivas zonas. Entonces los alumnos estudian Bachiller y Preu, el formato educativo previo a BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y COU (Curso Orientación Universitaria), que a su vez preceden a los actuales ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria) y Bachiller.

El instituto se abre, pues, con la intención de dotar a un barrio obrero del instrumento para que los alumnos puedan seguir estudiando tras la escuela obligatoria e incluso tengan la posibilidad de llegar a la Universidad. Esos primeros años de vida del Tirso son testigos de interminables colas de madres para matricular a sus hijos. El barrio ansía salir de sus limitaciones educativas, culturales y económicas, y para ello los estudios son el único vehículo posible.

Tres años después de su apertura, en 1970 se promulga la Ley General de Educación, que prolonga la enseñanza general básica (EGB) hasta los 14 años y reduce el bachillerato a tres años (BUP) y un curso de preparación para el acceso a la Universidad (COU). Este cambio legislativo es interpretado en parte como un primer intento de extender la enseñanza media a las capas más desfavorecidas de la población. Bien abrigados, los alumnos llegan a borbotones a los institutos de los barrios periféricos y obreros, dispuestos a comerse el mundo.

El barrio aprovecha la oportunidad y es precisamente el turno de noche uno de los más demandados en el Instituto Tirso de Molina, al que acceden alumnos mayores que o bien no han tenido la oportunidad de estudiar o bien trabajan por el día y quieren disponer de la llave que les permita acceder a un futuro mejor. El Tirso cumple eficazmente su misión y poco a poco el barrio se va transformando. Aunque entonces la enseñanza obligatoria es sólo hasta los 14 años, muchos jóvenes optan por seguir estudiando y soñar hasta con una licenciatura. Con los años setenta, por fin alumnos y alumnas se mezclan en las aulas.

El final de la década setentera trae una hornada de nuevos profesores, jóvenes y concienciados, salidos de una convocatoria masiva de oposiciones, que llegan al barrio con ganas de cambiar las cosas. Forman parte de una nueva generación reivindicativa y peleona, crítica con el sistema educativo tradicional de la letra con sangre entra (otro capón). Vienen dispuestos a dotar de sus alumnos del espíritu crítico que ha brillado por su ausencia en los tiempos de la dictadura. No son hijos del agobio, sino de la esperanza. Es la Transición, años de manifestaciones, palos y carreras que terminan con los manifestantes atrincherados en el instituto, huyendo de las cargas de la policía que subían por la Avenida de la Albufera desde el Puente de Vallecas. Y a aprender el inglés, que es de gran porvenir…

En el recuerdo de aquellos convulsos momentos queda su alumno Andrés García Fernández, de dieciocho años, que estudiaba COU en nocturno. Miembro de las Juventudes Comunistas, fue asesinado el 29 de abril de 1979 por un grupo de jóvenes ultraderechistas en la calle Goya, considerada entonces zona nacional. Todavía existe una placa en el centro dedicada a su  memoria.

El Tirso constituye durante estos años de cambio y modernización el corazón educativo y reivindicativo del barrio, cediendo sus instalaciones para que la gente pueda reunirse ante la falta de infraestructuras sociales y culturales que dan cabida a las inquietudes de un distrito en transformación.

Pasan los años ochenta, llegan los noventa y con ellos aparece la LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema Educativo), que comporta la ampliación de la educación obligatoria dos años más, hasta los 16. Los noventa no solo traen este cambio al veterano centro: ahora se incorporan al alumnado los hijos de una nueva oleada de inmigración, diferente de la que dio lugar al barrio, pero con las mismas necesidades educativas y sociales. El instituto se va quedado pequeño y obsoleto, y por ello en 2010 el viejo edificio es demolido para dar paso al nuevo instituto Tirso de Molina en el mismo espacio en la confluencia entre la Avenida de la Albufera y la de Buenos Aires, desde donde ha visto transformarse a uno de los barrios más emblemáticos de Madrid.

por Olga Salvador Conejo

4 comentarios
  1. carlos martín-delgado
    carlos martín-delgado Dice:

    Ojeando sobre libros por Internet he encontrado esta web estupenda que no conocía, me ha encantado y ha desatado mis nostalgias, sobre todo al reencontrarme con Olga Salvador, compañera de colegio Mater e instituto Tirso de Molina. Alguna vez compartimos pupitres y se me vienen a la mente nombres como José Luis López Vega, Susana Mayavibarrena, Víctor Quintana, Carmen Manchón, Victoria Ameijide, entre otros compas de clase.
    Suerte con vuestro proyecto literario, merece la pena.

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    • Olga Salvador
      Olga Salvador Dice:

      Hola, Carlos. Muchas gracias por tu amable comentario. ¡Y por este reencuentro a través de nuestra web! Con Susana, Mariví y Maricarmen sigo teniendo contacto. Como si el tiempo no hubiera pasado… Te mando desde aquí un fuerte abrazo.

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  2. Diego Salvador
    Diego Salvador Dice:

    Gracias por tu comentario, José. Para mí, los años del Tirso fueron los mejores de mi vida, sobre todo 3º BUP y COU. Mis mejores amigos actuales son de aquellos tiempos…

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  3. José A. Dorado
    José A. Dorado Dice:

    Que tiempos aquellos!!. Los chicos y chicas de nocturno, entre clases, nos tomábamos el bocata de tortilla francesa en el bar del centro, que gobernaba el Sr. Justicia y familia.
    Ahora se me vienen a la mente multitud de anécdotas y recuerdos, algunos muy tristes como el asesinato de nuestro compañero Andres. Asistíamos justos al Tirso en 2° C de BUP. La manifestación silenciosa entre el Tirso y la capilla ardiente en la calle Abtao, fue un ejemplo de cordura y responsabilidad en aquellos tiempos convulsos.

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