El Caso, retrato de un país bajo el franquismo.

No recuerdo haber visto ningún ejemplar de El Caso, ese peculiar retrato del país bajo el franquismo, en nuestra casa. Resulta irónico ya que muchos, muchos años después, acabaría trabajando en la serie de TVE. Sí recuerdo hasta haber ojeado Triunfo, como ya hemos contado en otro post. Sin embargo, es posible que me topara con algún número de El Caso en la vetusta casa de la Cava Baja de la tía Consuelo, hermana de mi abuela.

Allí, en ese piso que mi tía-abuela conservaba en propiedad, mi padre y el grupo de teatro Tiempo -bajo la dirección de su amigo José María- ensayaban sus obras en los años setenta. Y allí quedaban restos de la vida de la tía Consuelo, que se había mudado a un piso mejor. Había un cesto lleno de viejas publicaciones, revistas y papelotes. Probablemente fuera allí donde me topara con algún número de El Caso, asomándome a través de sus páginas al retrato de un país. El semanario era el reflejo de un país mirándose en los espejos del callejón del Gato.

Nace El Caso

Eugenio Suárez Gómez (1919-2014), periodista del diario Madrid, escribe una sección titulada “El caso de…”, que siguen muchos lectores. Así que piensa en abrir una publicación dedicada íntegramente a la crónica negra: nace El Caso, el que sería un retrato fidedigno del país bajo el franquismo. El primer número sale a la venta por dos pesetas el 11 de mayo de 1952.

Mantener El Caso en los quioscos no será nada fácil, pues anda por ahí pululando la Señora Censura, que lo que quiere es mostrar una imagen impoluta del país. En la España franquista no había crímenes, ni accidentes, ni nada de nada. Todo era paz y sosiego. Pero el morbo vendía. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará, así que Suárez, periodista avezado y con las ideas muy claras, busca la forma de sortear la censura. Y lo hace asegurando a las autoridades que el semanario divulgará los valores de la España de entonces, la cultura y la lengua española. Ahí es nada.

A eso se le llama tener cintura. Y también ser más listo que el hambre. Sólo con este ingenio puede conseguirse un imperio editorial como el que poseyó Eugenio Suárez: “Sábado gráfico”, la revista humorística “El cocodrilo Leopoldo”,“El Burladero” o “Cine en 7 Días”, entre otras publicaciones, dedicadas también a la salud o a los coches. Podríamos decir que Suárez fue el predecesor de los grandes nombres de la comunicación que vendrían después, como Antonio Asensio con el grupo Zeta (quien por cierto le arrebatará en 1980 a la sin par Margarita Landi para su revista Interviú) y Jesús de Polanco con el Grupo Prisa, de quienes hablaremos en otra ocasión.

Un pequeño equipo

Suárez cuenta con José María de Vega como redactor-jefe en Madrid y Enrique Rubio en Cataluña, Aragón y Baleares y un reducidísimo equipo. Entre ellos están José Quílez y Margarita Landi  -conocida como subinspector Pedrito entre los policías-, los fotógrafos Isidro Cortina y Manuel de Mora. Y por último, el dibujante Josechu Pinedo. El Caso siempre va a contar las historias a pie de calle, de primera mano y con imágenes. Quizá Suárez es consciente de las limitaciones lectoras del público de la época y sabe que las noticias hay que venderlas por los ojos.

Margarita Landi, con su inseparable pipa. (Fotografía: Julián Jaén).

… y un ideario

Como indicaba en su editorial inaugural el propio Suárez, “Ante ti lector una nueva revista. Una revista más que busca llegar a complacer, a rellenar esa afición tan extendida en todas las clases sociales y que se llama curiosidad por la vida de los otros. Ahora bien; nada de morbosas curiosidades, sino el humano interés por lo que ha sucedido fuera de nuestro portal, quizá en la casa de al lado, quizá en el otro hemisferio“. Y continúa: “Habrá, claro está, la nota chusca el suceso pintoresco, el caso gracioso, el timo original, cuando, secretamente, aplaudamos el ingenio del timador y reconozcamos que el estafado se lo tenía merecido“.

Con este ideario, El Caso se pone en marcha. Muy pronto se hace tan popular que los testigos de los sucesos llamarán antes a un redactor del semanario que a la propia policía. Sus periodistas y fotógrafos se convierten en testigos privilegiados que hasta colaboran con la BIC (Brigada de Investigación Criminal) en la resolución de muchos crímenes. Y también por esta razón dispone de un magnífico archivo fotográfico del que la policía tirará muchas veces mano. Un archivo cuyo destino hoy día, tras el cierre definitivo del semanario en 1996 (tras su segunda etapa) y su cesión a La Voz de Almería, cerrado en 1997, se desconoce…

El diario de las porteras…

El Caso nace bajo la égida de la férrea Ley de Prensa de 1938 elaborada por Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Era muy difícil informar sobre crímenes, accidentes o demás truculencias que aportaran una visión negativa de la vida bajo el régimen del caudillo. Pero de alguna manera, Eugenio Suárez consigue los permisos para sacar adelante su semanario, con la condición, eso sí, de no contener más de dos crímenes de sangre. Bajo esta premisa, los reporteros tienen que afilar su ingenio para rellenar las doce páginas que en un principio tiene la publicación. De este modo, van a incluir noticias menos escabrosas pero igualmente jugosas para el lector: robos, hechos bizarros, estafas… y hasta ovnis.

El primer número, el del 11 de mayo de 1952, sale con una tirada de 11.500 ejemplares. El número es financiado con la publicidad de una marca de relojes suizos a la que Eugenio Suárez convence para apoyar la publicación. La portada del primer número se ilustra con la imagen de dos hombres saltando por una ventana, bajo el titular “El crimen del plantío” y un pie de foto que no deja lugar a dudas del tono de la publicación: “por esta ventana saltó la muerte”.

Portada del primer número de El Caso

… que leen los señoritos

El Caso es el retrato de un país bajo el franquismo impreso a dos tintas (rojo sangre y negro). Y se convierte en un éxito. Las primeras cuatro semanas vende como churros. Y así será hasta alcanzar de media los cientos de miles, y hasta el medio millón de ejemplares con algunos casos que se harían famosos en la crónica negra española, como el de los crímenes de El Jarabo.

El éxito de El Caso obliga a la censura a rebajar el número de noticias sobre crímenes de sangre de dos por semana a sólo uno. No importa: el éxito del periódico es ya imparable, aunque ofrece un retrato bastante oscuro de la España de la época.

Se dice que mucha gente aprende a leer para enterarse de las historias que cuenta El Caso. Si es que no hay nada más motivador que el morbo, señores. Se dice que hasta el propio dictador era un fiel lector de la publicación. Conserjes y porteras lo compran, sí. Pero también mucha gente de clase media, y hasta las propias fuerzas de seguridad. Y los señoritos que se atreven a comprarlo pero no a reconocerlo, lo llevan oculto entre las páginas del ABC o el Ya.

El Caso, maniobra de distracción

¿Por qué permitiría el régimen la publicación de un medio así? Supuestamente,  esas cosas en España no pasaban. Juan Rada, uno de los últimos directores de la revista, tiene su teoría: centrados en este tipo de informaciones morbosas, los españoles no se ocupaban de pensar en los asuntos políticos. Podría decirse, pues, que El Caso era un medio de evasión para los españolitos de a pie, pero al mismo tiempo una demostración de cómo era entonces España. En definitiva, El Caso se convierte en el retrato de todo un país, por lo que cuenta y por lo que no cuenta. Un país de gente bastante retrasada respecto a sus vecinos europeos, que vive aislada y a la que el régimen cree tener en la inopia. 

Esto es así al menos hasta 1966, año en el que Manuel Fraga logra que se apruebe la nueva ley de censura y se levante un poquitín la mano. Pero tampoco tanto como para que algunos números de El Caso no sufran sus efectos. El avispado Suárez sabe cómo sortearla de las maneras más insospechadas: los crímenes de sangre siempre se resuelven rápidamente, gracias a la pericia policial. Se manipulan las fotos para que los escotes suban y las faldas bajen… y por supuesto, hay un cuidado exquisito con el lenguaje empleado.

Los redactores son especialistas en crear finísimos eufemismos: la técnica reforzada de interrogatorio es la tortura policial. El aborto no es más que una intervención clandestina de útero. Fallecimiento por heridas incompatibles con la vida es la perífrasis empleada para referirse al suicidio. Y los cadáveres no están semidesnudos, sino semivestidos. Argucias de redactor. Los periodistas que trabajan para la publicación forman parte de la imaginería popular de lo que debe ser un redactor: intrépido, con instinto, buenos contactos labrados a base de confianza, de bares y de horas. Como Margarita Landi, la rubia del deportivo, que viajaba sola y con pistola. Un periodismo sin pretensiones, de pateo de las calles, cercano a la gente, que ya no existe.

Los grandes hits

La primera etapa del semanario El Caso tiene lugar entre 1952 y 1987, año en que descienden las ventas por la competencia con otros medios, sobre todo la televisión. También quizá coincide con un cambio de sensibilidad en el público. El editor, Eugenio Suárez, echa el cierre. Pero hasta ese momento, El Caso ha vivido grandes momentos estelares. Por ejemplo, con la ejecución de El Jarabo (1958). 480.000 ejemplares. O uno de sus primeros hits, el misterioso caso de “la mano cortada” en 1954, cuya portada vivió una situación rocambolesca debido a la dichosa censura.

Muy sucintamente, el suceso trata del embalsamamiento de su hija -fallecida en extrañas circunstancias- por una dama de la alta sociedad muy conocida de Franco: Margarita Ruiz de Lihory. Se descubrió que en su casa guardaba la mano cortada de la hija así como algunas de sus vísceras. Los redactores de El Caso, enterados de la historia por un hijo de la aristócrata, se personan en la casa y fotografían la mano cortada de la hija en el interior de una lechera. La foto, que va a ir en portada, es censurada por atentar contra la moral… Y a punto de llevar el número a rotativas… ¿Qué hacer? Suárez, en una nueva muestra de su ingenio periodístico, sustituye la fotografía por una escueta frase: “el misterio de la mano cortada”. Y las ventas se disparan, lo que viene a demostrar que no hay nada como estimular la imaginación para vender más.

Con ambas historias, El Caso tiene que sacar varias ediciones para saciar la sed de morbo de sus lectores. Curiosamente, ambas están protagonizadas por personajes de la alta sociedad, lo que retrata la realidad del país bajo el régimen franquista: el español de a pie comprueba que las cosas no son tan bonitas como las pintan. Y que los ricos también lloran, faltaría más.

La tercera gran historia reseñable es la de la detención de El Lute en 1966, cuya foto con el brazo escayolado custodiado por dos guardias civiles se ha convertido en el icono de toda una época.

Retrato de España bajo el franquismo

Con el pasar de los años, El Caso va ampliando su catálogo de temas aprovechando la lasitud de la censura, confiada en la incultura de sus lectores mayoritarios. Poco a poco, por las páginas del semanario se van colando temas presentes en la sociedad pero silenciados en los medios, como las drogas, homosexualidad, malos tratos, suicidios, transexualidad, prostitución. Es decir, todo un catálogo de realidades que no forman parte del retrato oficial, pero que ahí están. Y con los avances de la contestación al régimen, también hacen su aparición el terrorismo y las ejecuciones por razones políticas. Es así como sus lectores se enteran del famoso proceso de Burgos en 1970, del que El Caso informa cumplidamente, así como, por ejemplo de la ejecución de Salvador Puig Antich y Heinz Chez.

En la década de los 80 el semanario entra en decadencia y cierra sus rotativas el 29 de agosto de 1987.

Apenas unas semanas más tarde, El Caso renace en manos de Joaquín Abad, su último director, que asume las riendas del proyecto bajo el nuevo título de El Caso Mundial. Poco después, pasa a ser El Caso Criminal y finalmente El Caso, a secas. Trasladada la redacción a Almería, echa el cierre como semanario de papel el 24 de septiembre de 1997. Actualmente existe una versión digital, también bajo la dirección de Abad, con una sección específicamente destinada al público latinoamericano.

Pese al final accidentado del semanario, todos sus ejemplares -con la excepción de los del año 1976- se encuentran a disposición del público en la biblioteca de la Universidad San Pablo CEU, de Madrid. La colección fue donada por Eugenio Suárez a la institución.

La serie “El Caso. Crónica de sucesos”

Imagen de la serie de 2016. (Cortesía de RTVE)

El Caso se mantiene vivo en la memoria de los españoles de cierta edad. Ahí están frases como “vas a salir en El Caso”. Y quizá por ese motivo, porque el recuerdo del periódico sigue ahí, el actor Fernando Guillén Cuervo, junto con Juan Moya y David Calle, crean la serie “El Caso. Crónica de sucesos” para RTVE, en cuya producción participo como guionista y coordinadora. El equipo artístico y técnico al completo se puede encontrar aquí. La serie se estrena el 15 de marzo de 2016, con un capitulo piloto cuyo enlace puedes ver aquí. Lástima que sólo tuviéramos una temporada para contar todo lo que queríamos contar. En fin… cosas que pasan en la tele.

Eso sí, en la serie hacemos nuestro el planteamiento de su creador y editor, Eugenio Suárez, al mostrar el retrato de una España oscura, que trata de explicarse a sí misma. Y lo hace enfrentándose al espejo de sus crímenes, sus tragedias y sus picarescas. Es el retrato de una España que fue y ya no está, pero que forma parte de nuestra herencia. Por eso quizá la serie conectó con una parte del público, que tal vez recordara que en su infancia esa revista para porteras, que chorreaba sangre, estaba en su salita de estar, contando la historia a pie de foto de la España de entonces.

Por Olga Salvador Conejo

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *