Chicho Ibañez Serrador Salvadorebooks

Chicho Ibáñez Serrador, el pionero.

La televisión española y TVE no serian lo mismo si un pionero del medio como Chicho Ibáñez Serrador (1935-2019) no hubiera aparecido por estos lares. Quien esto escribe entreveía desde la puerta entornada del dormitorio los dos rombos de “Historias para no dormir”, deseando tener más años para que mis padres me dejaran verla. (Siempre he sido muy aficionada al género de terror). Pero nada, ellos no cedían, lo cual no hacía más que acrecentar mi deseo de ver la serie y pasar el miedo y el suspense que prometía su creador.

Por fin me dejaron…

Más adelante llegó el “Un, dos, tres…” y yo  ya tuve edad suficiente como para poder pasarme la noche del viernes viendo el popular concurso, también imaginado por Ibáñez Serrador, un adelantado en cuanto a géneros y forma de hacer televisión en nuestro país.

Después llegarían “La Residencia” (1969), que pude ver en el ciclo de películas de terror “Mis terrores favoritos” (1981-1982 y 1994-1995), presentado y dirigido por Chicho y Luisa Armenteros, y la aterradora “¿Quién puede matar a un niño?” (1976), que ya sólo pude disfrutar en DVD. Solo con estos dos títulos, Chicho Ibañez Serrador se ha ganado a pulso su lugar en la historia del audiovisual español, convirtiéndose en maestro de algunos de los principales cineastas de este país y de todos quienes se dedican a la pequeña pantalla.

Los inicios de un pionero.

Narciso Ibáñez Serrador nace en Uruguay en 1935, con raíces en España, pues desciende de una familia de comediantes y es hijo de Narciso Ibáñez Menta. Durante su adolescencia y primera juventud regresa a nuestro país con su madre, también actriz, Pepita Serrador.  Con semejantes genes, es obvio que Chicho se dedique a la escena. Pero pronto abandona la actuación para dedicarse a escribir y dirigir teatro y televisión y recala en Argentina, donde su padre ha construído una sólida carrera actoral. Es aquí donde Chicho comienza su contacto con el terror y la ciencia ficción, creando la serie “Mañana puede ser verdad”, en la que adapta relatos de escritores norteamericanos del género. Algo así como un Black Mirror avant la lettre.

En 1963 regresa a España, trabaja como actor con su madre y, avalado por su experiencia argentina, se presenta en TVE con uno de los episodios de “Mañana puede ser verdad”, titulado “Los Bulbos”, y plantea al canal una idea revolucionaria: incorporar el género fantástico a la producción propia de ficción. La cadena acepta la propuesta. Estamos en 1966. Y Chicho, el pionero, ha llegado para quedarse y  seguir desbrozando el camino de la nueva televisión del franquismo. En este post nos vamos a ocupar de sus programas de ficción televisiva y cinematográfica, dejando para mejor ocasión su aportación al género de los concursos con su macrocreación “Un, dos, tres.. responda otra vez” que permanece en la memoria de al menos dos generaciones, y no sólo de españoles.

Señoras y señores, bienvenidos al universo narrativo de Chicho Ibáñez Serrador.

Las inefables “Historias para no dormir”.

Cabecera del programa.

Mantengo indeleble el recuerdo de la cabecera de la serie, porque al final, mis padres se rindieron a la evidencia y me dejaron ver episodios de alguna de las tres temporadas que tuvo la serie, siendo lo más probable que fuera alguno de los capítulos que, de manera intermitente, se produjeron en la década de los setenta (bajo el título de “Historias para la noche”), hasta su regreso en los años 80, con cuatro únicos capítulos.

Programación en TVE.

Durante la década de los sesenta, Televisión Española comienza a tener una programación variada, donde junto a los concursos y los espacios de variedades, la ficción es otro de sus principales puntales. En este sentido, el mítico “Estudio 1” acerca al espectador grandes obras teatrales interpretadas por los mejores actores de la época, para acercar al público medio los clásicos de la escena universal.

Además del teatro, las series americanas y británicas (El fugitivo, Los intocables, Los Vengadores, El Santo, etc) constituyen la principal fuente de ficción seriada del canal. Hasta que llega nuestro pionero y se saca de la manga sus “Historias para no dormir”.

Señas de identidad.

El protagonista sufriendo el ataque del malvado asfalto.

Los episodios comienzan  con la inolvidable careta en blanco y negro que concluye con un  aterrador grito final. En muchos de ellos cuenta con la presencia de su padre como actor principal. Asimismo, todos los episodios van precedidos por una presentación de Chicho al estilo de su admirado Alfred Hitchcok en “Alfred Hitchcock presenta…” o Rod Serling en “Twilight zone” o “Night Gallery” (estrenada en España como Galería Nocturna, de la que tanto mi hermano como yo nos hicimos fans cuando se emitió con aquel peculiar doblaje latinoamericano). Y en riguroso blanco y negro, lo que daba todavía más miedito, llegando a conseguir audiencias de hasta veinte millones -veinte millones, que se dice pronto- de espectadores fascinados por sus historias y su manera de contarlas.

El episodio inaugural, “El asfalto”, basado en un relato del escritor español Carlos Buiza, está protagonizado por Narciso Ibáñez Menta. Cuenta con unos curiosos decorados inspirados en Mingote y la banda sonora es de Waldo de los Ríos. Asimismo, el guión consigue la Ninfa de Oro del festival de televisión de Montecarlo en 1967, anunciando, en su trama y en espíritu, “La cabina” (1973), dirigida por Antonio Mercero, mediometraje escrito a cuatro manos con José Luis Garci y ganador de un Emmy Internacional.

“El televisor”, el episodio favorito de Chicho.

Narciso Ibáñez Menta contempla el objeto de su desdicha.

Los episodios eran adaptaciones, como hemos dicho, de relatos de autores del género de terror o bien originales escritos por Chicho, todos escritos con el sobrenombre de Luis Peñafiel.

El episodio favorito de su creador es el emitido el 5 de julio de 1974. Protagonizado por Narciso Ibáñez Menta y María Fernanda d’Ocón, narra la obsesión de su protagonista por comprar una televisión en color. Las cosas van bien, ¿qué menos que comprar el electrodoméstico que demuestra la buena posición económica, el estatus adquirido a base de una vida gastada en pluriempleos? El televisor pronto comienza a ocupar un lugar prepoderante en la vida del protagonista, cada vez consume más horas de su tiempo y termina perdiendo la cabeza. Como ahora con el móvil y las redes sociales, pero en versión pre-Alexa.

De yonki a converso: el personaje pasa de estar todo el día enganchado a demonizar el invento, arrastrándolo (a él y a su familia) en su caída a los infiernos. El episodio es una crítica velada a una forma de vida en la que la caja tonta es el púlpito que vomita mentiras y verdades a medias, socavando el espiritu crítico y la capacidad intelectual de su víctima. Como el régimen franquista. Toda una metáfora.

Recogiendo el testigo.

En 2005, y a instancias de Telecinco, se prepara el proyecto “Películas para no dormir”, auspiciado por el propio Chicho que dirige una de las cinco películas para televisión pensadas, “La culpa”. Mateo Gil, Enrique Urbizu, Alex de la Iglesia y los especialistas en terror Paco Plaza (director de la estupenda “Verónica” basado en un misterioso caso real ocurrido en Vallecas) y Jaume Balagueró dirigen los restantes seis episodios de este resurgir del género de terror en la televisión contemporánea, con escaso éxito. Estamos en otra época en la que lo que da más miedo son los informativos…

“Historia de la frivolidad” (1967).

Televisión Española, deseosa de seguir ganando premios, como había ocurrido con “El asfalto”, que había colocado a la cadena -y a España- en el panorama internacional, vuelve a confiar en Chicho, pasando de ser pionero a un imprescindible para el canal. La idea es hacer un programa que diera una imagen de España más moderna -ejem- de lo que piensan los países de su entorno. Detrás de la estrategia están Adolfo Suárez y Juan José Rosón, futuros directores del ente público.

De la censura a la frivolidad.

Las integrantes de la Liga Femenina contra la frivolidad.

Chicho Ibáñez Serrador y Jaime de Armiñán se destapan -nunca mejor dicho- con una “Historia de la censura”. Esa vieja conocida.  A los dos directivos les convence la idea de hacer un repaso del erotismo a lo largo de la historia, a través de una serie de sketches, pero primero hay que cambiar el título para no hacerlo muy evidente. De ese modo, el proyecto muta a “Historia de la frivolidad”.

Objetivo: visibilidad.

La idea es presentar el telefilm a los principales festivales internacionales de televisión, sin emitirlo previamente en España, para evitar problemas obvios.  El objetivo principal es el festival de Montreal. Pero, y aquí se sigue rizando el rizo, una condición necesaria para concursar en Montreal es que el espacio se haya emitido en su país de origen.

Así pues, el programa, con unas estupendas actrices al frente como conductoras de los sketches -Irene Gutiérrez Caba, Margot Cottens, Rafaela Aparicio, Pilar Muñoz y Lola Gaos-, guión de Ibáñez Serrador y Armiñán, decorados de Mingote y música de Augusto Algueró,  se emite de tapadillo el 9 de febrero de 1.967, al finalizar la programación, tras el himno nacional y toda la parafernalia de cierre de la emisión… Jaime de Armiñán cuenta aquí con más detalle la procelosa aventura.

…y objetivo conseguido.

Toda esta rocambolesca historia -como sucede a menudo en el mundo de la televisión- tiene un final feliz: la película es la producción más premiada en la historia de TVE, pues consigue la Ninfa de Oro del Festival de Montecarlo, la Rosa de Oro y primer Premio de la Prensa del Festival de Montreux y la Targa d’Argento del Festival de Milán.

La residencia (1969).

En 1969 Chicho Ibáñez Serrador, pionero en tantos aspectos, rueda su primera película cinematográfica con un guión propio -firmado como siempre con su seudónimo, Luis Peñafiel- basado en un relato del escritor y guionista Juan Tébar. Con un reparto internacional, enfocado a la explotación de la película en mercados foráneos, y rodada en inglés, la película es un relato gótico sobre la represión sexual -ojo, que estamos en 1969, ¿hola, Madame Censura?- en un espacio cerrado, sometido a las rígidas normas que impone la estricta gobernanta a las señoritas que habitan la residencia del título.

¿Y la censura, qué?

Sorteando la censura de la época -que parece empezar a relajarse un poco-, el director consigue contar la asfixiante atmósfera de la residencia, donde solo viven mujeres -aparte del hijo de la directora- y comienzan a cometerse varios asesinatos. El director muestra algunos de los crímenes de una manera audaz utilizando la cámara lenta y no se corta un pelo a la hora de integrar en la trama aspectos tales como el voyeurismo y un lesbianismo larvado. Insisto, ¡en 1969!

La película cuenta de nuevo con la colaboración de Waldo de los Ríos en la banda sonora, y aunque para mi gusto ha envejecido mal, sigue demostrando el pulso de Chicho a la hora de contar historias superando las limitaciones de la época. Solo un detalle: contra todo pronóstico, la escena de las duchas de las internas, que podía haber sido sencillamente eliminada por la censura de un plumazo, sobrevive gracias al subterfugio de mostrar a las jóvenes vestidas con finos camisones que se transparentan con el agua… demostrando una vez más que más vale sugerir que enseñar. Luego vendría el destape, pero esa es otra historia…

¿Quién puede matar a un niño? (1976)

Niños que matan adultos. De eso va la pelicula. Aterrador. Ante esta subversión de la realidad, los protagonistas, una pareja británica de vacaciones en un pueblecito de una pequeña isla española -con ella embarazada… ay-, se encuentran sin defensas y terminan sucumbiendo a las nuevas generaciones. Al final, los niños preparan el asalto a la península, donde encontrarán más adultos con los que “jugar”, una vez que han terminado con todos los que vivían en la paradisíaca isla. La película está basada en la novela del asturiano Juan José Plans “El juego de los niños”, con guión, como suele, de Luis Peñafiel.

Es una de las películas que más repelufo me ha dado. Las imágenes de unos niños convirtiendo a los adultos de su pequeño pueblo en las dianas -en sentido literal- de sus crueles juegos que terminan con el exterminio de sus mayores, son muy inquietantes. Y en particular, la del hombre convertido en piñata al que los críos, entre risas, matan a golpe de hoz. Ah, y el espeluznante momento en que el bebé no nato de la protagonista mata a su madre… desde dentro.

Con una estupenda fotografía de José Luis Alcaine (con quien tuve el placer de trabajar en la serie Doctor Mateo) que reproduce la dureza de la luz del Mediterráneo, y de nuevo con la original música de Waldo de los Ríos, “¿Quién puede matar a un niño?” gana el premio de la crítica en el Festival de Cine Fantástico de Avoriaz de 1977.

La película es una rara avis en la cinematografía española, una muestra original del talento de nuestro pionero, Chicho Ibáñez Serrador. Una lástima que no continuara dirigiendo cine de género. Nos hubiera dado muchas alegrías.

Escrito por Olga Salvador Conejo.

 

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *