Albert Boadella detenido y encarcelado

Supongo que los recuerdos que tengo de este estrafalario episodio corresponden a la segunda detención de Albert Boadella, ya que a mis 15 años tendría una mayor consciencia de lo que estaba pasando en este país que dos años antes, en 1977, el año en el que fue Albert Boadella detenido y encarcelado anteriormente. Aún a tan temprana edad, el hecho no dejó de sorprenderme, pues ¿no estábamos inmersos ya en una democracia? Franco había muerto hacía unos años. ¿Y la dictadura también? Pues parece que no tanto, porque el estamento militar continuaba teniendo su cuota de poder, un poder que no deseaba abandonar por las buenas en las blandas manos de los civiles.

Albert Boadella había fundado la compañía de teatro Els Joglars en 1962 y la dirigió hasta 2012. Sus montajes siempre se caracterizaron por la polémica y el espíritu crítico y mordaz frente a la actualidad política. En 1977, Els Joglars pusieron en escena una “sátira cruel y feroz” (Boadella), La Torna, que contaba los últimos días de la vida de un delincuente común, Heinz Chez, ejecutado a garrote vil. Fue ajusticiado junto al activista anarquista Salvador Puig Antich el mismo día, el 2 de marzo de 1974. Fueron las últimas víctimas de este modo tan castizo (como diría Javier Krahe) de mandar al otro barrio a los condenados a muerte.

En contra de las noticias que trascendieron en su momento, Heinz Chez no era un mendigo polaco sin familia. Era un ciudadano alemán, Georg Michael Welzel, con madre, hermanos, mujer y tres hijos, según investigaciones del periodista Raúl M. Riebengauer. Unos datos que el tribunal militar ocultó. Con la muerte de este hombre, los militares trataron de restar importancia política a la ejecución de Puig Antich.

“La primera escena en el gallinero, con la Guardia Civil haciendo de gallinas, me sigue pareciendo muy fuerte” admitió Boadella en una entrevista años después. La Torna se estrenó en Barbastro, pasó por Huesca pero no llegó a estrenarse en el Teatre Bartrina de Reus, como estaba previsto, pues en este instante se detuvo a Boadella. A algún destacado miembro de las altas jerarquías del Ejército no le debió hacer ninguna gracia. “Los militares se cabrearon y aplicaron la ley que tenían. Nada fuera de lo normal entonces” (Boadella). Era diciembre de 1977, y la representación acabó en Consejo de Guerra. Se dice que los militares quisieron demostrar al entonces Presidente del Gobierno Adolfo Suárez, con quien no parecían llevarse demasiado bien, que tuviese cuidado con eso de desmontar el estado franquista, y que todo había quedado atado y bien atado por el búnker del anterior Jefe del Estado.

La consecuencia inmediata fue el inicio de una huelga de profesionales del espectáculo en toda España. Los demás miembros de Els Joglars participantes en la obra fueron también procesados. Albert Boadella detenido y encarcelado, fue procesado por la autoridad militar y condenado por delitos de injurias a la institución castrense. Y es que por entonces una ley de 1906 todavía en vigor autorizaba a los militares a juzgar en Tribunales castrenses a todo aquel incauto con o sin colmillo retorcido que a sus ojos, atacase con nocturnidad y alevosía a la unidad española, a sus símbolos o a los propios militares. La justicia militar pidió para el dramaturgo que muchos años después contribuyó a la fundación del partido político Ciutadans, 4 años y 6 meses de prisión y 3 años para el resto de detenidos de Els Joglars.

Así que tenemos a Albert Boadella detenido y encarcelado desde diciembre de 1977. Boadella no se quedó ahí parado esperando el golpe, sino que ideó una fuga a su medida, como buen comediante. Había sido encerrado en la Cárcel Modelo de Barcelona, y no se le ocurrió otra cosa que simular una enfermedad para que le trasladasen al Hospital Clínico de la ciudad condal, donde juzgó que sería más fácil la escapada. Así que apoyado en su mujer Dolors, se puso manos a la obra y simuló una grave dolencia. Dolors introdujo su propia sangre en frasquitos que le pasaba su abogado en el locutorio. Boadella se la tragaba cuando nadie le veía y se provocaba el vómito en público, delante de los funcionarios, según cuenta él mismo. Dos actuaciones de este calibre bastaron para su traslado al hospital con carácter de urgencia.

En el Hospital de nuevo recibió la impagable ayuda de Dolors, que en esta ocasión le hizo llegar un disfraz que consistía en una peluca, bata y gafas. El 27 de febrero de 1978, horas antes de su comparecencia ante el Tribunal Militar, tuvo lugar la espectacular fuga del director de Els Joglars, un escape a la medida de sus dotes de cómico, pues disfrazado de médico se escabulló por la ventana del baño. Más de uno se partió de risa. Como mi padre…

La huida provocó en el país “un jaleo impresionante” (Boadella). Los policías que le custodiaban fueron arrestados, algo que le supo mal al propio protagonista de tan estrambótica fuga. “Les mandé una carta a los de la Policía Armada diciéndoles que habían cumplido todas las normas y que había sido yo el que les había engañado. Pasados unos años coincidí con ellos y me agradecieron la carta, porque en vez de dos cumplieron un mes de arresto” (Boadella).

Tras la huida del principal acusado, el Consejo de Guerra no pudo celebrarse al no presentarse la totalidad de los encausados. Poco después se inició con los detenidos: Gabriel Renom, Arnau Vilardebó, Andreu Solsona y Míriam de Maeztu. El Consejo de Guerra dictó la sentencia: dos años para cada uno de los actores. En enero de 1979 fueron indultados los cuatro.

Declarado en rebeldía por el tribunal, Boadella se exilió en Francia, y regresó de forma clandestina a Cataluña en diciembre de 1978. En España tampoco es que se escondiese demasiado, pues asistió a diversas representaciones del espectáculo de Els Joglars Catalonia M-7, en Gerona y Lérida. Se dejaba ver en locales de Barcelona e incluso se entrevistó con el presidente de la Generalitat Josep Tarradellas.  Y claro, tanto va el cántaro a la fuente, que en una de ésas fue detenido por la policía. Fue el 22 de marzo de 1979, a la una de la madrugada, en una casa que el actor poseía en Pruit, a 35 km de Vic (Barcelona). A esa hora, funcionarios de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona se presentaron en la vivienda con dos órdenes judiciales, una del Juzgado Militar y otra del Juzgado nº 10 de Barcelona. De nuevo Albert Boadella detenido y encarcelado. Y otra vez recluido en la Cárcel Modelo de Barcelona. Unos meses después, en julio del mismo año salió en libertad provisional, al tiempo que la autoridad militar se inhibía del caso. Algo parecía moverse en España.

Sin embargo, no fue hasta 1985 que fue exonerado totalmente del delito de injurias al Ejército. A pesar de todas estas peripecias, a Boadella no se le esfumaron ni su proverbial mala leche ni su aguda capacidad crítica social y política. Con obras como Teledeum (1983), o Ubú president (1995), ni Jordi Pujol ni Dalí escaparon de sus dardos mordaces.

 

por Diego Salvador Conejo

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